Un corazón que late en Galapagar

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DICEN que la paternidad, y la maternidad, claro, –¡cuánto daño le han hecho a este país tantos años de lenguaje machista!– cambia a quien pasa por esa situación. Irene Montero, madre de los hijos de Pablo, antes Pablo Manuel, “Viva la Gente” Iglesias –niños de los que, por cierto, él es el padre–, es otra mujer desde que se ha ejercitado durante una temporada en el cambio de pañales y la preparación de biberones. Hasta parece que tiene corazoncito –tampoco muy grande, ¡eh!, que no hay un solo órgano del cuerpo que de un día para otro experimente un proceso de gigantismo y se vuelva descomunal– y asegura ahora que está dispuesta a negociar con Íñigo “El niño de San Ildefonso” Errejón, a quien hace diez días acusaba de haber dinamitado todos los puentes. A ver si no es una cuestión cardíaca y sí, en cambio, se trata del miedo a que Podemos estoupe del todo y a fin de mes no haya en casa ni un patacón para pagar la hipoteca del palacete de Galapagar.  

Un corazón que late en Galapagar