El Estado islámico y su franquicia del terror

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HUBO quien en su momento aseguró que Al Qaeda era una especie de franquicia del terror. Bastaba con que en algún lugar del mundo hubiera algún descerebrado capaz de inmolarse en nombre de Alá para que allí existiera la organización terrorista. Lo mismo sucede ahora con el Estado Islámico. Se ha podido comprobar en Niza. Allí, un musulmán que ni tan siquiera cumplía las prescripciones básicas de su religión, ha dejado un reguero de muerte tras radicalizarse, según los expertos, a través de los mensajes que leía en las redes sociales. Tanto es así que el EI, cuando reinvindica el atentado ni tan siquiera da el nombre del terrorista, seguramente porque no estaban seguros de saberlo. Contra este fanatismo es muy difícil luchar.

El Estado islámico y su franquicia del terror