¿Más Artur Mas?

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Cuando me levanté y vi que, en contra de lo que pudiera parecer, Cataluña aún seguía pegada a suelo español pensé que todo lo que había pasado durante los últimos quince días no había sido más que un sueño. Un sueño largo, porque la campaña electoral ha sido de las más dilatadas que se recuerdan; llevamos hablando a diario del tema, mes arriba, mes abajo, un mínimo de año y medio. 
Los catalanes han votado, todos han ganado y quizás ahora podamos seguir ocupándonos de cuestiones más intrascendentes como el paro, la educación o la sanidad. Esas fruslerías que no interesan a nadie y que no tienen ni punto de comparación con el hecho de si uno se siente español, catalán, europeo o de Argamasilla de Alba. 
Si me preguntan, me gustaría ejercer también mi derecho a decidir que se basaría en que, si puede ser, las noticias incluyeran más de una comunidad autónoma, por muy importante que sea lo que en ella se decide porque, al menos de momento, hay otras 16 más. Canarios, vascos, gallegos o murcianos también tienen problemas y preocupaciones, incluido, si quieren, el análisis de su relación con el resto de los españoles. 
Pero da la impresión de que los actores están en el lejano Este y que los demás somos meros espectadores de lo que allí sucede. Como en ‘La ventana indiscreta’, pasamos más tiempo mirando hacia lo que hace el vecino de enfrente que ocupándonos de la belleza que tenemos en casa, aunque sea nada menos que del calibre de Grace Kelly. 
Al igual que sucede cuando un niño se pone a hacer travesuras, prestamos demasiada atención a los malabares de los secesionistas. No es que no tenga importancia, no me malinterpreten, pero el niño trasto, cuanto más lo miras, más hace el tonto. Mi esperanza era que hubiese un vuelco electoral de forma que los resultados, para un lado o para el otro, cambiaran el discurso de los políticos. 
Pero, 48 horas después, el paisaje poco ha variado y temo que nos sigan dando la paliza durante, por lo menos, otro año y medio. De todos los análisis de sesudos comentaristas solo hay uno que me dio miedo. 
Cuatro simples palabras que auguran que la avalancha informativa sobre Cataluña, su derecho a decidir y si se rompe o no España no tiene pinta de amainar a corto plazo. “Esto va para largo”. 
De verdad, ¿más Artur Mas?

¿Más Artur Mas?