Huir de la quema

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A Pedro Sánchez no le ha quedado más remedio que salir a la palestra. También con la amenaza del coranovirus venía practicando una estrategia que en Moncloa creen le favorece y que se concreta en alejarse de la zona cero de los problemas. Igual que se apartó del escándalo de la vicepresidenta venezolana y le endosó el marrón al ministro Ábalos.
Así también ha pretendido ahora salirse del foco del amenazante virus dejando el protagonismo al recién estrenado ministro de turno, Salvador Illa, licenciado en Filosofía, y al coordinador de alertas sanitarias, el infectólogo Fernando Simón. Él se reservaba para más adelante, calculando tal vez que el panorama estaría más despejado y más cómodo para así quemarse  lo  menos posible.
Pero no. El crecimiento de la emergencia -éramos el segundo país de Europa con más casos registrados- y, sobre todo, la iniciativa del Partido Popular para por boca de Pablo Casado urgirle a salir de la  madriguera,  lo obligaron a dar la cara. Primero, con el anuncio de un plan de actuación falto de toda concreción y más tarde, el martes, con su propia comparecencia ante las cámaras televisivas, cuarenta y ocho horas antes de lo inicialmente programado.
Fue este un mensaje en el que el presidente quiso transmitir serenidad y control: “Se hará -dijo- todo lo que sea menester para hacer frente a la epidemia”. Pero al que le sobraron -aunque resultara comprensible- autocomplacencia y juicios de valor sobre lo mucho y bien que lo estaba haciendo el Gobierno. Sin tanto botafumeiro la alocución hubiera durado la mitad de tiempo y su credibilidad y eficacia hubieran sido mayores. 
Pedro Sánchez no ha liderado la crisis. O cuando menos, lo ha hecho tarde. Tendría que haber apoyado antes con su presencia las comparecencias informativas de sus colaboradores. Porque en situaciones como la que vivimos al ciudadano de a pie le  tranquiliza visualizar quién lleva el timón de la nave. Y debería haber residenciado en el propio Gobierno central la capacidad toda de decisión.
 Competencia constitucional no le hubiera faltado para ello si en cuenta se tienen las múltiples y variadas vertientes -no sólo sanitarias- de la epidemia. Pero ha habido -o está habiendo- demasiada dispersión informativa y decisoria. Así, entre otras cosas, se está dando la impresión de que el presidente ha querido refugiarse y descargar responsabilidades en las comunidades autónomas por aquello de la distribución competencial.  Una manera de huir, de nuevo, de la quema.
De momento a Pedro Sánchez todo se le ha venido un poco abajo. La virulencia de las consecuencias económicas que el país arrastrará en los próximos meses y la prioridad política de seguir atendiendo el delicado momento de la salud pública, tensionará la convivencia interna en el Gobierno y la de éste con sus socios independentistas. Por de pronto, la epidemia o pandemia ya ha convertido de facto en inviables los Presupuestos expansivos diseñados.

Huir de la quema