Repensar el Estado, una vez más

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Es evidente que el Eestado de las autonomías tiene que tener muchos aspectos positivos. A estas alturas y tras treinta años de su implantación se le puede suponer tan bueno como ese federalismo asimétrico que algunos propugnan y, por supuesto, mejor que un centralismo omnívoro como el que imperó décadas atrás. Sin embargo, esta realidad no nos puede ocultar que, con los años de rodaje, han ido surgiendo algunos desajustes que, debido a que no se corrigieron en su momento, amenazan con hacer descarrilar el tren del Estado.

Porque, por mucho que lo de la autonomía de las autonomías sea precisamente eso, espacio para tomar sus propias decisiones, no es normal que 8.000 universitarios coruñeses estén a la espera de saber si se les concede una beca para el curso que se inició en septiembre. Todo se debe a la incompatibilidad de los sistemas informáticos elegidos por el ministerio, allá en la meseta central, y la Universidad herculina, en pleno paseo marítimo coruñés. Y el problema es que, a estas alturas, nadie ha presentado todavía su dimisión y los responsables de semejante desaguisado se echan las culpas unos a otros, cuando lo que tendrían que estar haciendo es dar gracias a Dios por no trabajar en una empresa privada, que los habría puesto de patitas en la calle en poco más de segundo y medio.

La cuestión es que este caso no es único, forma parte de la paradoja que llevó a Fraga a participar primero en la disgregación e imaginar luego la administración única, tal vez al comprobar que el ciudadano se tenía que enfrentar como mínimo a cuatro diferentes. El problema es que la idea del político vilalbés no terminó por implantarse y el caso sigue tomando todos y cada uno de los rincones del asunto en el que intervengan, cuando menos dos estamentos diferentes, ya sean ayuntamientos, diputaciones, comunidades o el propio Estado.

Las tarjetas sanitarias gallegas no funcionan en León y un juez asturiano no puede consultar por internet un sumario en Cambados. Un detenido en Viana puede ser puesto en libertad sin saber que tiene una orden de búsqueda y captura por un robo en Teruel y abuso de una niña en Villajoyosa.

Ni tan siquiera en Estados Unidos, paradigma del federalismo o en la odiada/odiosa Alemania, famosa por sus landers, se dan situaciones tan absurdas como en España, donde la regiones juegan a ser países y, a cuenta del “café para todos”, lo que podía ser un gran sistema se convirtió en un caos. A lo peor llegó ya el momento de pararse a repensar si eso del Estado de las autonomías es lo mejor para España y, en caso de que no lo sea, dar marcha atrás y rectificar los errores.

Repensar el Estado, una vez más