La libertad de expresión que solo vale a veces

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Lo de ir de estrella invitada a un concurso de talentos (OT) para cantar con una concursante y marcarte una improvisación con la que no solo dejas descolocada a la pobre chica sino que le robas el que tenía que ser su momento de gloria está feo. Pero si encima el arranque “espontáneo” es un alegato en favor de la tauromaquia corres el riesgo de echarte encima a la legión que comenta el programa en redes sociales y a los que no desaprovechan la ocasión de entrar en una buena bronca. Lo curioso es que los mismos que pedían respeto para sus opiniones cuando aseguraban que no tenían idea de quién es Estrella Morente y por tanto  de lo primero tenía poco son los mismos que defienden que la libertad de expresión no vale para justificar que se hable de lo que a ellos no les gusta. 

La libertad de expresión que solo vale a veces