Les crece la nariz

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Fíjense bien. A cada declaración, por cada mentira, les va creciendo poco a poco la nariz. Así cuando Feijóo justifica el recorte de ayuda a los dependientes y el personal cuenta lo que costó el Gaiás, monta en cólera; cuando las estadísticas reflejan que hay miles de gallegos con un salario que no alcanza los cuatrocientos euros al mes y los dirigentes “sacan pecho” asegurando que esto va bien… les crece la nariz, al tiempo que crece nuestra indignación. Cuando en Madrid montan la operación rescate tras una reunión interministerial, un avión medicalizado y un hospital ad hoc, se incendia internet y los ciudadanos recuerdan que en Castilla-La Mancha no hay ambulancia; que se han cerrado miles de camas en todo el Estado y que han subido los gastos del copago y rebajado el número de beneficiarios a la sanidad pública.
Cuando nuestros gobernantes anuncian el final de la crisis a J.C., en paro desde 2009 y uno de los dos millones de españoles que no reciben subsidios alguno, se le ponen los pelos de punta y a ellos les crece un poco más la nariz. Y cuando se quedan sin respuesta a la decisión de Bruselas de revisar los tan cacareados y “vendidos” proyectos para Ferrol, les crece otro poco más la nariz.
Y cuando la comunidad internacional se pone en marcha pues “ébola mata”, el personal les recuerda que “más cornás dá el hambre” y pone como ejemplo los niños desnutridos, las familias sin ingresos, las organizaciones sociales desbordadas por el número de necesitados.
Cuando ellos te hablan de ayudar al Tercer Mundo, aquí – en este primero, donde crecen las desigualdades– los organismos internacionales recuerdan que los “pigs” están entre los sufridores de la rica Europa.
Cuando presumen del aumento del turismo, están escondiéndonos que solo beneficia a unos cuantos fenicios pues el paro en el sector no decrece, sino que aumenta el número de horas trabajadas.
Y cuando Montoro cuenta que bajarán los impuestos, las cuentas de los expertos señalan que en 2016 el impuesto sobre la renta será mas alto que en 2011 y que, efectivamente, los ricos pagarán menos que entonces.
Y cuando se marchan de vacaciones anunciando el final de la crisis, los ciudadanos confiesan al CIS que siguen preocupados con el paro, indignados con la corrupción y sin confianza en el Gobierno, al que le crece la nariz.

Les crece la nariz