Preludio de campaña

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Cada vez resulta más evidente que Pedro Sánchez está retrasando a propósito la investidura para llegar al toque de campana del 22 de septiembre sin nada nuevo que ofrecer y, ante la eventualidad inmediata de una nueva convocatoria electoral que dicen nadie quiere, forzar así al resto del arco parlamentario a que ceda y lograr el placet que hasta el momento se le ha negado. No pocos antecedentes hay de cómo las urgencias de ultimísima hora obran milagros.

Si así no sucediese, no le importaría nada ir de nuevo a las urnas; las cuartas desde 2015. Y es que partiendo de unas encuestas halagüeñas y del esperable retroceso de Ciudadanos y Podemos, Sánchez se ve muy cerca de la mayoría absoluta o, al menos, de una mayoría incontestable que le abriría las puertas de su gran objetivo: gobernar y hacerlo en solitario. En todo caso, si no se quiere o se puede evitar las elecciones, se trataría de llegar a ellas en las mejores condiciones posibles.

A la vista de los nueve meses de gobierno que siguieron a la moción de censura, bien sabe por experiencia personal el provecho que se le puede sacar al manejo en beneficio propio y del partido de todos los resortes institucionales. Apoyos mediáticos más que suficientes tendrá para cargar la culpa de la repetición electoral a terceros y especialmente a la derecha, como lleva haciendo desde hace semanas y como ha reiterado tras su bochornoso paso por la audiencia real en Marivent. 

Si la propuesta de Pablo Casado sobre la posibilidad de un nuevo y distinto candidato ha sido calificada en Ferraz como “el chiste del día”, esto de autopresentarse como la víctima del bloqueo debe de ser la burla del año. El caso es que lleva cien días largos en funciones y continuamos en las mismas. No se advierten signos de desbloqueo. ¡Y anuncia unos días de descanso!

Para aparentar que se mueve y busca alternativas se ha sacado de la manga unas selectivas y sectarias reuniones con colectivos de su cuerda, cuyo objetivo es tan alambicado como engañoso. Mucho rollo. El caso es perder el tiempo y esperar a ver qué pasa hasta el 22 de septiembre.

Aunque luego se hagan amplio eco de las mismas, incluso los medios más adictos han cuestionado tales xuntanzas, que tienen un elemento propagandístico que atufa y que el PSOE ni siquiera se molesta en ocultar.  Pantallas con el eslogan de “Por un Gobierno progresista” adornan la sala en la que Sánchez recibe a sus invitados, reducidos a figurantes de una puesta en escena típica de Ferraz.  Tienen todas las trazas de ser el preludio de una campaña electoral próxima. De cara a una nueva investidura no sirven para nada, pero colgado a ellas el fallido candidato sigue acaparando páginas periodísticas y apertura de telediarios, que es de lo que se trata.

Preludio de campaña