EN LA RECTA FINAL

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Estuvo tan falto de reflejos que, en aquel primer día en que Pablo Iglesias lo dejó fuera de juego, Pedro Sánchez llegó a aventurar que las conversaciones para la investidura bien podrían ser  retransmitidas en directo o en streaming. Finalmente las cosas están siendo como no de otra manera podían suceder: reserva de los contenidos de la negociación y ruedas de prensa al final de cada tanda de encuentros, poco clarificadoras y probablemente preacordadas en cuanto a los mensajes a transmitir. 
Llevamos así dos semanas de tendinitis política; de manos largamente tendidas y generalidades varias. Quince días de forcejeos con Podemos y de conversaciones con Ciudadanos después de que los primeros se descolgaran con unas pretensiones que por esperables poco o nada deberían tener de “humillación” para con el Partido Socialista. No se las hace caso en lo que de disparatadas tengan y, a otra cosa. A estos procesos hay que llegar ya curtidos y sufridos.
El foco mediático está centrado –por ahora– en Iglesias y Rivera. Pero se están celebrando al tiempo otras conversaciones que pasan más desapercibidas, aunque su coste pudiera no tener nada de desdeñable. Es el caso del acuerdo con los valencianos de Compromís (cuatro escaños), que implicaría la reestructuración de la abultada deuda de la comunidad autónoma y que ya ha disparado las alarmas entre los barones socialistas. 
Tampoco hay que perder de vista la negociación con el PNV (seis escaños). Se está vendiendo la idea de que éste reclama la hucha vasca de la Seguridad Social, cuando en verdad sus pretensiones van mucho más allá. El reconocimiento del derecho a decidir y un nuevo estatus jurídico político para el País Vasco figuran también en la agenda puesta sobre la mesa.  
Pocos apoyos, sí, en uno y otro caso, pero necesarios. El grano no hace granero, pero ayuda al molinero, tal como sugiere el refrán popular. Si inesperados vientos no hacen cambiar de un día para otro la orientación de la veleta política,   es de suponer que en la semana que empieza mañana las partes abran sus arcanos y enseñen sus papeles. La fecha de la primera sesión de investidura se echa encima y antes ha de celebrarse la consulta que Sánchez ha prometido a las bases. No es pensable que el candidato vaya a  llegar el sábado a la votación de los 190.000 militantes socialistas sin un mínimo pacto que someter a su refrendo. 
Todo un lío, como bien dice Rajoy. En lo que, desde mi modesta opinión, ya no estoy tan acuerdo es en lo de las probables nuevas elecciones en junio. Izquierda y nacionalistas no dejarán pasar la actual oportunidad. Así lo advierte el refrán de turno: más vale pájaro en mano que ciento volando.

EN LA RECTA FINAL