Ferrol, su alcalde y el futuro

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Artículos atrás comentábamos a la vista de los datos publicados por los organismos de la Unión Europea respecto a poblaciones españolas, que Ferrol, aun con su crisis “navegaba” por el medio de la lista en cuanto a renta, desempleo y población. La situación no es caótica e irá a mejor, por mucho que se empeñen los que todo lo ven peor y transmiten una nefasta publicidad causando un profundo daño a los intereses de todos los ferrolanos.

Poco tiempo atrás saltaba la noticia, prácticamente desapercibida, de que dejábamos de ser el farolillo rojo en el porcentaje de desempleo de las ciudades gallegas, cediendo el testigo a Ourense y teniendo los mismos datos que Vigo. Una vez más parece que las buenas noticias no interesan, se las lleva el viento.

Artículos atrás hablábamos de una nueva oportunidad de prosperar y afrontar tiempos mejores. En la historia local habría que retroceder al año 1909 del pasado siglo, la época de la constitución de la Sociedad Española de Construcción Naval –la Constructora-, para encontrar unas circunstancias y una inversión estatal, tanto en medios materiales como técnicos y humanos, de semejante envergadura; aun así muy inferior a la que vamos a poder ver en un futuro cercano.

En estos venideros años tendremos una situación única para avanzar y alejar viejos fantasmas basándose en la gran inversión, aun con retrasos, que supondrá el nuevo programa de fragatas para la Armada. Ya en estos momentos se afronta una verdadera revolución industrial y tecnológica para renovar totalmente los astilleros y entrar de lleno en la era digital. Las construcciones en dique seco y cubierto, los modelos en 3 D, el astillero 4.0, en breve, serán conceptos que nos resultarán familiares.

Las múltiples acciones comerciales en marcha para la venta de buques, que serán una verdadera revolución, darán sus frutos que se materializarán en nuevos pedidos para marinas foráneas. Ya no será necesario importar técnicos irlandeses e ingleses como ocurrió en los tiempos de la Constructora. Por primera vez, el cambio tecnológico es respaldado por un campus universitario en la propia ciudad, por primera vez exportamos talento y por primera vez, en muchos años, no se habla solo de prejubilaciones.

La incorporación paulatina de seiscientas personas, en los astilleros públicos, es una novedad impensable hasta hace bien poco tiempo. En contadas ciudades veremos implantarse empresas con esta numerosa plantilla. Sí las prejubilaciones no suponen una merma en la economía local al corto y medio plazo, pues los ingresos se mantienen, las incorporaciones significan crecimiento y sostenibilidad en el largo futuro. Es un primer paso para el cambio de tendencia en la pérdida de población.

Tengamos en cuenta que además de otros avances como el tirón turístico de la mano de una nueva imagen más positiva, unos museos únicos, el tráfico de cruceros y el siempre pujante puerto comercial, hay dos columnas que sostienen la economía local como son la Armada y los astilleros y esperemos que lo sigan siendo en un futuro con más y nuevos compañeros de viaje.

Estamos frente a no una ni dos, estamos frente a un gran abanico de circunstancias y oportunidades que no podemos dejar pasar de largo.

Artículos atrás, también comentábamos que el final del bipartidismo es una realidad y no tiene por qué ser una catástrofe. La nueva situación política obliga a un mayor control, a negociaciones y consensos que repercutirán en la mejor gestión de los recursos y respeto a los intereses de todos los ciudadanos.

Europa encara esta nueva etapa plural y tiene como ejemplo los años del gobierno alemán en estas circunstancias con los resultados de todos conocidos del motor económico teutón.

Para nuestros vecinos, la madurez democrática cuenta a favor y esperemos que de una vez por todas también en España se respeten las nuevas reglas de juego. Tan sencillas como que el político no ponga por delante los intereses personales y partidistas y se plantee gestionar como verdadero estadista.

La política local no es una excepción, el reto es ambicioso en momentos como este. Todos los ciudadanos desean no volver a vivir otros cuatro años de desencuentros y bochornosos espectáculos.

En estos momentos son muchas circunstancias a favor que, por una vez, no deberíamos desperdiciar. Por esta vez, pensemos primero en Ferrol y aparquemos otros intereses.

El futuro alcalde tendrá mucho que decir en este futuro mejor para Ferrol.

Ferrol, su alcalde y el futuro