El Padrino

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La novela del siglo XIX es novela de personajes. Desde Dickens a Tolstoy, pasando por Victor Hugo, Dostoyevsky y muchos otros, el lector va conociendo distintas clases de personajes, en distintos ambientes, pero su carácter bien definido. Quizás demasiado definido, en el sentido de que en la realidad el ser humano no adopta la misma postura, aún en condiciones semejantes y no están tan claros los perfiles psíquicos, ni el comportamiento de cada uno de nosotros.
En eso nuestro Clarín quizás haya estado más cerca de esa ambigüedad que todos llevamos dentro.
Tolstoy decía que conociendo los personajes de tu pueblo, ya conoces los del mundo entero. Y mi amiga L. con frecuencia repetía aquello de que en todas las familias hay una puta o un ladrón.
También el cine nos muestra personajes muy distintos y bien definidos. Los hay honrados, traidores, héroes, cómicos, trágicos, humildes, ambiciosos y un largo etc. que todos recordamos.
En cuanto a la ambición del poder hay una película, mejor tres, la trilogía del Padrino que es toda una muestra de personajes en busca del poder, además de una joya cinematográfica.
Hay una escena en la que el Padrino (Marlon Brando) habla con su hijo más joven (Al Pacino) y le dice lo que espera y desea de él. Quiere que estudie derecho que se haga político, ya que cuando ocupe un cargo importante quizás el de senador, podrá ayudar a la familia a tener más poder.
En efecto, cuando los tiempos cambian y cambian siempre, el poderoso debe de adaptarse a las nuevas circunstancias si quiere seguir conservando el poder. Y así los que quisieron enriquecerse en los años veinte del siglo pasado en los EEUU, sin tener en cuenta el como, se hicieron productores y traficantes de bebidas alcohólicas.
Pero abolida la ley seca, la mafia americana tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias si quiere seguir siendo poderosa. Es entonces cuando se olvida del alcohol y desarrolla nuevos “negocios”, el juego y la prostitución sobre todos, también otros. Y es entonces cuando en las Vegas se construyen los grandes casinos y los grandes hoteles; y el dinero y los poderosos se hacen dueños de la ciudad que alumbra en el desierto.
Estos recuerdos, me llevan a novelar una pequeña historia. Pongamos un hombre de “negocios” en los tiempos de la posguerra española. Se enriquece como puede. Como Brandon con  Al Pacino en el Padrino,también el tiene una conversación con su hijo. No le dice que estudie derecho y se haga senador, le dice que tenga una profesión honorable, pongamos médico, y luego que se dedique a la política. Los tiempos de estraperlo ya habían pasado, los tiempos que venían eran los de la política y las finanzas. Y llegan los éxitos. El hijo, también bajo de estatura como Al Pacino, alcanza la cúspide en la política, llega a ser el más grande, el más poderoso, todo un hombre de estado. Y como en la america mafiosa el dinero le llega en bolsas llenas. No por negocios de alcohol, quizás tampoco de prostitución; pero si de la construcción, de las ITV, de los grandes juegos olímpicos. Todos sabemos quien es, pero hasta los más honrados le sonríen, le alaban y le consideran un hombre honorable. A su sombra unos crecen y otros se mantienen. Tiene amigos e hijos adoptivos que también son grandes hombres y hombres honorables.
Claro que todo esto, no son más que ideas para una novela, que ya escribió Mario Puzo para una película que ya dirigió Ford Coppola. Aunque quizás el uno y el otro ya fueron superados por la realidad.
Pero que quede claro, amigo lector, que el personaje no es un político. El personaje es el Padrino.
josevrioseco@gmail.com

 

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