Patriotas de Cartón

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El escritor suizo Herman Hesse decía que no renegaba del patriotismo, pero que primeramente era un ser humano, y que cuando ambas cosas eran incompatibles siempre le daba la razón al ser humano. 
Las incompatibilidades a las que se refería seguramente tienen poco que ver con el dinero de tanto “patriota” que hay suelto por el mundo, que hace patria poniéndolo a buen recaudo en el país del escritor.  
Para alguna gente la patria es una cosa seria, sin embargo, para otra no deja de ser un instrumento del que servirse. John F. Kennedy decía: “no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por el país”. Pero para algunos eso le suena a chino. 
Los que hablan de la patria mientras se llevan su dinero a los paraísos fiscales –por lo general producto del saqueo de las arcas públicas– están insultando a la patria. Como dice un amigo ¡Dios nos libre de esos patriotas!
Aunque hay que reconocer que la gente de esa raza abunda. Aquí tienen la mala costumbre de hacer negocios con la patria. Un disparate. Pero este es un país donde el disparate es la norma y no la excepción. Recuerdo haber escuchado una vez a un cargo socialista decir en una tertulia televisiva, que él no se consideraba español hasta que se promulgó la Constitución de 1978. Y lo dijo en serio.
Tamaña barrabasada no tiene desperdicio. Parece que el susodicho había olvidado algo elemental: que sobre los sentimientos de pertenencia no se puede legislar. Un decreto a una ley no los cambia.
Pero volviendo al patriotismo. El diccionario de la RAI dice que patriota es una persona que ama a su patria y se esfuerza por lograr su bien. Bonita definición. Aunque  en el país del caballero de La Mancha hay muchos que la confunden con su cortijo personal. 
Es fácil envolverse en una bandera o poner cara de circunstancias al escuchar un himno, cualquiera que sea éste, pero ya no resulta tan seductor si hay que hacer sacrificios; sobre todo cuando el dinero está por encima de cualquier otra consideración. 
Amar la patria, la que sea, significa algo más que emotivas palabras. En primer lugar, significa no usar la política para llenarse los bolsillos, sino para servir a los intereses generales, que casi siempre son coincidentes con los de la nación. Si no se cumple este principio, que además es el más importante, el patriotismo es una fantasía. 
Amar la patria significa no aceptar comisiones para financiar un partido político; no contratar ejércitos de asesores a cuenta del erario público; no crear empresas fantasmas paralelas para enriquecerse.
Pero además de todo eso. Ser patriota es no alimentar el odio anti-inmigrante, haciendo creer que los extranjeros son los culpables de todo; es no privatizar empresas estratégicas para beneficiar a los amigos, para después ser recompensado con un asiento en un consejo de administración; es no vender deudas de viviendas de protección oficial a los fondos buitre. Y mucho más. 
Como podemos ver, amar la patria es más que agitar una bandera o escuchar compungido un himno, se debe demostrar con acciones reales, coherentes. De lo contrario suena a hipocresía, aunque más que nada suena a desvergüenza. 
Se dice que cuando se pierde la vergüenza se pierde todo. Todo menos el dinero mal habido, claro. Los defensores de los valores patrios se encargan de no perderlo, de guardarlo bien guardado. 
Son un grupo muy especial. Cuando conviene se refugian en los símbolos, en las palabras, en la demagogia, todo vale con tal de ganar voluntades. Mientras tanto son capaces de vender a los mercaderes de turno –otros arruinadores de patrias– aquello que dicen amar tanto. 
Para esta peña lo importante es el “cash” (efectivo), como dicen en la lengua de Shakespeare. Su cinismo es tal, que incluso serían capaces de envolver en la bandera el cofre donde guardan los valores o el dinero que se llevaron lejos de la patria.
Lo curioso es que al asociar la patria con sus bienes personales, también piensan que son los únicos dueños de ella, que solo a ellos les pertenece. De ahí que se crean con todo el derecho del mundo a reivindicarla. Así son, de cartón.

Patriotas de Cartón