EL GRITO

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Edvard Munch, uno de los grandes representantes del expresionismo, muestra en “El grito” a una figura andrógina que simboliza a un ser humano gritando con todas sus fuerzas en un momento de profunda angustia y desesperación existencial.

Me vino a la memoria la desgarrada expresividad de esta obra pictórica la semana pasada al conocer los datos de la Encuesta de Población Activa, cuando por España y por Galicia se percibía la desesperación y se escuchaban los gritos, paradójicamente silenciosos, de decenas de miles de personas aplastadas por el paro, que está dejando enormes secuelas físicas y síquicas en sus vidas, como dejaban las tragedias familiares en el artista noruego.

Las cifras son escalofriantes. En España hay cerca de seis millones de personas que quieren trabajar y no pueden, el 26 por ciento de la población activa. Galicia está por debajo de la media española, pero tiene 277.400 parados, un desempleo juvenil cercano al 50 por ciento y 91.000 hogares con todos los miembros activos en paro, cifras insoportables en un país que también está cercano a esa proporción peligrosa de un trabajador por un jubilado.

Llama mucho la atención que, después de conocer los datos de la EPA, la única medida que se le ocurrió al Gobierno, huérfano de otras propuestas, fue la prórroga de la ayuda de los 400 euros para los parados que han agotado la prestación, medida necesaria como escudo protector contra la pobreza absoluta, pero que no tiene repercusión alguna en la generación de empleo.

Ahora bien, el paro no es solo un fracaso del Gobierno. También lo es de la oposición, de los sindicatos, de los empresarios y de su patronal que ven, sin inmutarse, como el país se desangra mes a mes. Por eso también llama la atención e irrita a la gente que, con cifras tan escandalosas de paro, los agentes sociales no hayan sido capaces en los cinco años de crisis de sentarse para poner en común ideas y elaborar estrategias para combatir esa lacra, la cara más visible y amarga de la crisis.

La ministra Báñez anuncia ahora ayudas al autoempleo y Rubalcaba propone un gran acuerdo nacional. Más allá de lo que tenga de oportunismo político, la propuesta del líder socialista parece seria y, dada la gravedad de la situación, merece ser estudiada por los receptores, sin pensar de quién es la iniciativa. Salvo que todos los agentes sociales se encuentren cómodos esperando un estallido social, que también los barrerá a ellos.

EL GRITO