ESPAÑA, CARNAVAL

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Esta empresa colectiva, que siento y me duele en el alma, por culpa de cuatro aprovechados vividores y otros rufianes populistas, se traduce en siniestro Carnaval. Días de mascaradas, comparsas, bailes y regocijos bulliciosos que promocionan teatrillos infantiles defendiendo a ETA, asaltos a centros litúrgicos hiriendo creencias ajenas, alterando hechos indubitados con mentiras normativas de memez histérica, turbar la paz social y burlarse del uso democrático de que gobierne la lista más votada. Acá en este baile de perdedores, malabaristas leninistas, muñidores de asamblea a mano alzada o cuantos se decían anti casta que lavarían blanco blanquísimo y olerían bien con sus indumentarias y retóricas totalitarias de paraísos políticos pereclitados… semejantes mascaritas acuden al salón de fiestas, reclaman a la chica más hermosa, el mejor copazo y quieren que todo Dios–aun cuando se declaran agnósticos– se arrodille y rindn pleitesía adorándolos.
Aseguran que lobos a lobos no se muerden, pero el tal Iglesias despachó a Pedro Sánchez –responsable de formar gobierno– con la exigencia de elegir entre él y Ciudadanos. Así le ha devuelto su moneda hacia el PP y su presidente a quien no quiere ver ni en pintura... Bueno, aparte de otras menudencias: vicepresidente del Ejecutivo, cuatro ministrillos de nada, tarjeta para gastar 3.000 euros en taxis y ayudas sociales de 5.000 euros anuales para los cuarenta diputados de Alí Babá.
En estas estamos y por ellas andamos. Carotas sin nombre disfrutando chorradas de fueros históricos o ventajas catalanas, separatismos líricos, hechos diferenciales para asegurar tratamientos étnicos de primera y segunda división etc. Carnestolendas que provocan arcadas  y temamos que esta Fuenteovejuna podría agarrotar un día a su comendador... Bajo este Carnaval lluvioso me queda el recuerdo de mi padre: “No lo olvides, te dejo mi gran amor a España”.

ESPAÑA, CARNAVAL