TRÁFICO

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El verano, cuando lo hay, aporta alternativas varias a la oferta habitual de la ciudad, en ocasiones reñidas con el más básico de los sentidos comunes, que como se sabe suele ser el menos común. El cierre de calles del centro histórico para facilitar el asentamiento de terrazas hosteleras conlleva no pocos inconvenientes a una ciudad como Ferrol, en exceso obligada a soportar un tráfico intenso en horas punta cuyas dificultades se acrecientan con la realización de obras. Cierto que aquí estamos más que habituados a utilizar el coche para desplazarnos incluso unas manzanas y que somos capaces de dar continuas vueltas a la espera de encontrar un espacio para aparcar, pero es evidente que se echa en falta la obligada regulación del tráfico, al menos en determinadas momentos. Un poco de control no estaría de más teniendo en cuenta que una cosa obliga a la otra. No pensemos ya en cuando comiencen las fiestas de verano, tan próximas a un mayor caos.

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