Paliativos para la Diócesis

|

Nunca me consideré un adivinador capaz de predecir cosa alguna y demostrado queda, no acerté ni una de mis predicciones sobre futuros cambios diocesanos. Aunque quiero matizar que no hago predicciones cuando  digo que nuestra Diócesis está abocada a cerrar; tal afirmación es un diagnóstico, no predicción, que mantengo y es que, por más que nos empeñemos, la realidad se impone siempre y estas últimas decisiones sobre la organización Diocesana son otro síntoma de que caminamos hacia el último episodio Mindoniense.
El Decreto Episcopal que esperábamos, ordena para el Arciprestazgo de Ferrol la creación de la Unidad Pastoral de La Magdalena (curioso nombre). Una Unidad Pastoral es un “todos para todo” (no confundir con los Mosqueteros), con el riesgo operativo de estos sistemas: ... y la casa sin barrer. Por favor, no deduzcan de mis palabras juicio o duda de la idoneidad de los protagonistas que de sobra los conocen Vds. y seguro que ellos tienen la voluntad de cumplir su labor. Lo preocupante es porqué se toma tal decisión que no conduce a sitio alguno, ni resuelve el presente y menos el futuro (¿calmará enfados sacerdotales?). La prueba de mi afirmación está en la experiencia de las otras UP’s, con ellas no se cumplieron los resultados pastorales que las justificaban (¿o sí?). Por tanto pienso que ahora no hubo valentía ni sinceridad; no sé en qué nivel de decisión o asesoramiento faltó el coraje para tomar iniciativas que hubieran sido oxigeno e ilusión para la Diócesis. Es una decisión que reconoce la derrota.
Hablando del decreto y de lo frustrantes que son tales medidas, me decía un contertulio que ahora era el momento de que los laicos que están en las parroquias, y los que no también, pudieran trabajar más libres (bonita aspiración). Creo que al revés; será peor porque nadie está contento y pocos, alguno habrá, le ven futuro y tendrán nuevas excusas para frenar iniciativas; ni siquiera el Plan Pastoral estará adaptado. ¿Conclusión?: nada cambia y garantizado el horario de misas, que es lo importante. En octubre, de nuevo, será la campaña de “lloros y lamentos”.

Paliativos para la Diócesis