Escribiré en inglés

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Para cuando salgan estas letras impresas ya habrá pasado el denominado día de exaltación gastronómica de las letras de la Galicia. Me he enterado por casualidad y por los motivos por los que solemos saber de festivos los que vivimos en territorio periurbano. El primero es que por la mañana se redujo considerablemente el número de decibelios de los pitos automovilísticos de los repartidores –de hecho, creo que solo escuché el del pan–; y el segundo elemento de que me puso sobre la pista fue la compensación sonora del déficit de ruido de los viajantes que pusieron en la balanza los cientos, creo, de cortacéspedes, desbrozadoras y demás aperos de jardinería que al salir el sol comenzaron a atronar la sosegada campiña. “Festivo habemus”, creo que dije.
Tras el café, sin licor, caí en la cuenta de que era del día en el cual los gallegos, felices y alborotados, se visten al modo tradicional, soplan una gaita y lanzan cohetes hasta la hora del Ángelus, para delicia de los turistas y castigo de los nativos. La causa de tanto revuelo es que hizo un día espléndido, de esos de playa, así que comenzó a salir la procesión de bermudas, sombrillas y chanclas rumbo al arenal de turno para ir pillando algo de color, antes de preocuparse de las quemaduras solares y otras menudencias. Después vino el fútbol y la descarga artillera celebrando la victoria, que todo se acaba de vez en cuando, como la Liga, aunque después viene el Mundial y vuelta a empezar.
Cuando llegué al quiosco, que también librería, golosinería y arreglos de electrónica básica, para hacer acopio de papel prensa vi que había un cartel, por decir algo, aunque era poco más que un posit, que anunciaba un diez por ciento discunt en la compra de cualquier libro impreso en romance autóctono. Ante esta ganga me compré dos, ya dirán quién se resiste a estos precios tan maravillosos, que si no es por que salí de casa con poco parné me los llevo todos y le dejo hueco para que coloque más material perecedero, porque lo cierto es que fui yo el único que compré un volumen, porque a la madre que preguntó por un libro de ese autor que se había muerto hace poco en Colombia o México a quien se le dedicaban este año la festividad de las letras gallegas, a esa no la cuento. Menos mal que una llamada de teléfono a su hijo la sacó de dudas.
El resto del día me lo pase en la playa descansando, como es obligación de todos aquellos que se merecen un día al año de descanso de esto del gallego, que hablen y lean al menos 24 horas, que no es malo. El próximo año escribiré en inglés.

Escribiré en inglés