El apagón de Canal 9

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Parafraseando aquella sevillana tan pegadiza, “algo se muere en el alma” cuando cierra un medio de comunicación, porque con él desaparece una correa de transmisión que nos hace llegar la historia continuada de nuestra cultura en su más amplio significado.
Por eso, el alma se desgarra ahora con la “liquidación y cese de las emisiones” de la Radio Televisió Valenciana –RTVV–, una noticia muy mala para aquella comunidad que pierde una voz que enriquecía el pluralismo informativo con el análisis crítico y la reflexión serena.  
Pero el apagón informativo de Canal 9 es la crónica de una muerta anunciada. Cuentan los colegas valencianos que la clave del desastre estuvo  en la intromisión del poder político en el ente público mediante dirigentes adictos, serviles y corruptos –9 exdirectivos están imputados– que despilfarraron recursos hasta contraer una deuda insostenible; tomaron el medio como una “oficina de colocación” aumentando la plantilla –y las nóminas– de forma escandalosa; y, a mayores, se entrometieron en la labor de los profesionales para complacer y adular a los gobernantes. No están exentos de culpa los propios trabajadores y el comité de empresa que no denunciaron en su día las injerencias políticas continuadas.     
Con una deuda y plantilla aplastantes y con escasísima audiencia, la salvación de la empresa solo podría llegar con un reajuste severo en forma de ERE que la justicia rechazó y, al condenar al medio a la readmisión de los trabajadores, precipitó la decisión política de su final por decreto.      
El cierre de Canal 9 es otro episodio amargo del cúmulo de despropósitos de la gestión política de la comunidad valenciana, paradigma del despilfarro y de la corrupción, que causó tantas víctimas. Ahora se lleva por delante a este medio de comunicación y con él a muchos profesionales honestos, transmisores de noticias veraces y opiniones independientes, que se quedan sin trabajo por culpa de unos políticos y de unos tecnócratas cuyo único mérito era ser gestores del derroche.
Es una noticia triste para la democracia plural, pero el modelo de la RTVV no era defendible ni sostenible con una “cuenta de resultados” tan desequilibrada en deuda, plantilla y audiencia. Afortunadamente, hay otra forma de gestionar los medios públicos, como ocurre en Galicia con la Crtvg que está saneada y, según el último Estudio General de Medios, ganando cuotas de audiencia.

El apagón de Canal 9