Ferrol y sus circunstancias

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Como se veía venir y todas las encuestas apuntaban, tenemos gobierno continuista y de mayoría en Galicia. Los resultados son inapelables,  aun a pesar de las  declaraciones  de algunos miembros de los partidos a los   que los ciudadanos, decidieron no darles su confianza  y  en consecuencia la  responsabilidad de gobierno.
En una sociedad avanzada y que se dice pluralista, es lamentable escuchar, cuando no ganan, a los que asumen como su bandera la tolerancia, amplitud de miras y progresismo, calificar a un pueblo como ignorante o pensar en la situación a su favor si no votáramos los mayores de cuarenta y cinco años.
En la  historia de las autonomías hemos visto desfilar variedad de personas y fuerzas políticas. Prácticamente de todas las ideologías. Y no solo a nivel autonómico, también  ha ocurrido en el Gobierno Central y no digamos en los ayuntamientos. 
Lo que es  novedad es asistir  a los despropósitos y tiros internos en uno de los partidos señeros de nuestra democracia. Donde priman los intereses personales y se olvida el interés común: España.
Tenemos que ser realistas y   darnos cuenta de que nuestra sociedad  ha mejorado extraordinariamente desde la instauración de la democracia, la entrada en la UE y más en el periodo entre 1990 y 2007. En todos los casos España, en general, ha prosperado. La reflexión es en qué manera,  a qué nivel y a qué coste.
Este último periodo lo recordaremos como el de grandes avances y también como el de los grandes despilfarros: la Ciudad de las Artes de Valencia,  Ciudad de la Cultura, Aeropuertos de Ciudad Real, Castellón y un largo etcétera. Desmanes, que  ahora estamos pagando.
Está claro que,  con los singulares problemas añadidos, Ferrol también ha prosperado, también “se ha subido al carro”; la cuestión estaría en preguntarse si ha prosperado más, igual o menos que el resto de España, teniendo en cuenta su desventajosa situación de partida respecto al resto.
Hay que ser conscientes que para que una ciudad avance  no depende  de una sola administración. La actual, compleja  y sobredimensionada maquinaria política de nuestro país  implica en la tarea a todo  un  conjunto de estamentos: Gobierno Central,  Autonómico, Diputaciones  y por supuesto el propio  Ayuntamiento.
La clave está en que el verdadero líder que convenza a todo este aparato burocrático y  haga comprender las necesidades  de una población es su  propio Alcalde. Bien es sabido que nadie regala nada y las inversiones, de cualquier Administración, tienen “muchos novios”.
Como hemos podido escuchar en la campaña electoral, el ahora ganador de los comicios, planteó y garantizo importantes proyectos: estación intermodal, finalización del  saneamiento de la Ría, remodelación y ampliación del hospital Arquitecto Marcide  –único de las siete ciudades que no se ha reformado ampliamente desde su inauguración– intervención definitiva para rehabilitar  Ferrol Vello incluso comprando casas la propia Xunta de Galicia, y probablemente alguna cuestión más que ahora mismo no recuerdo.
También la Administración Central pone su parte de promesas y ahí tenemos la remodelación de la Avenida de As Pías o el tren al puerto exterior de Caneliñas.
Otras obras ya más en el ámbito doméstico  están también “en el candelero” como son el nuevo parque municipal del Montón, la reforma de las calles de la Iglesia y San Francisco, Plaza de Armas, etc.
Otros temas pendientes y que ya sonrojan al pensar en ellos son asuntos como el convenio con Defensa y urbanización de los terrenos del Sánchez Aguilera,  abrir Ferrol al mar que incluye temas tan sencillos como derribar el mercado provisional, o una solución definitiva a la bochornosa comunicación por ferrocarril, tanto de vía estrecha como de ancho convencional que padecemos desde prácticamente un siglo.
Ante este panorama, y recordando que todo esto requiere un alcalde con liderazgo, cabe preguntarse si lo verán nuestros ojos.
Para cualquier tipo de liderazgo en el mundo actual, como primera premisa es necesario rodearse de un equipo fiel, profesional y cohesionado. Guardando todas las energías para lograr los objetivos comunes y no gastándolas en guerras  domésticas. 
Las personas de a pie, estamos asistiendo a casi media legislatura municipal con constantes desencuentros, luchas internas y despropósitos como unos presupuestos prorrogados. Es cuestión de preguntarse si nuestro líder y su supuesto equipo podrán afrontar la difícil tarea de hacer valer las necesidades de Ferrol.

Ferrol y sus circunstancias