Hoy es un día para celebrar

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Hoy es un día para estar feliz. Muy, muy feliz. ¿Cómo no estarlo cuando aún suenan los ecos de un Esteiro abarrotado, eufórico y exultante como nunca antes? ¿Cómo no mirar con orgullo una campaña en la que se desafió la lógica económica y deportiva para devolver a Ferrol al primer plano del baloncesto nacional? ¿De verdad alguien puede lamentarse por algo en una campaña en la que el Star Center rompió su techo de cristal?
Hay éxitos que trascienden los resultados, que van más allá de victorias y derrotas y hoy es un día para celebrar que la ciudad ha vuelto a disfrutar del baloncesto –impreso en su ADN deportivo– como hacía años que no se lo permitían. Festejar que a “los de siempre” se les hayan sumado centenares más en Esteiro y que muchos de esos que creían muerto el baloncesto en la ciudad vuelvan a sentir el chirriar de la goma en el parquet. Celebrar que –al fin– el baloncesto une y no divide a los que tanto lo aman y necesitan en Ferrol.
Es un día para celebrar, para festejar… pero también para dar las gracias. A los que están y estuvieron sustentando el club en las últimas dos décadas. A los que contaron y recontaron pesetas y euros para cuadrar las cuentas, exponiendo su patrimonio y entregando más horas de las que tenía el día. A los que no gastaron más de lo que había en la hucha pensando siempre en que lo importante era llegar a mañana, no los éxitos de hoy. A los que llamaron a una y otra puerta y siguieron llamando a pesar de que no se abrían. A los que han hecho del Universitario, ese que se apellida Ferrol, un club modesto pero serio, de los que cumple.
Gracias al que lleva la batuta y a su guardia pretoriana. Al que como baloncestista, técnico y ferrolano no escatima esfuerzos para suplir con dedicación y trabajo las carencias que deportivamente acechan a los clubes pobres. Al que promete trabajo y confianza, inspira crecimiento y recoge éxitos y afecto. Al que es generoso con los suyos en los éxitos y cauteloso en las derrotas.
Y, sobre todo, gracias a ellas. A las que han peleado del primer al último balón como si la vida les fuese en ello. A las que han estado en pista más minutos de lo que sus cuerpos les permitían. A las que nos enseñaron que la ambición no es mala si hace posible lo imposible. A las que demostraron que nada está perdido hasta que suena la bocina. A las que corrieron, saltaron y se pelearon sin importar lo rápido o grande que fuese el rival. A las que desafiaron sus fuerzas para firmar un autógrafo más, para posar para una última foto, para chocar una mano o repartir abrazos. A las que se implicaron para que el Uni ganase pero, sobre todo, para que creciese. A las que hicieron afición y fueron capaces de compartir sus éxitos hasta el extremo de que quien pasó por Esteiro los vivió como propios. Eso se llama ilusión.
Hoy toca festejar, pero en la resaca también es momento de renovar el compromiso y asumir que es cosa de todos hacer que esto no acabe aquí. Hacer que esto sea solo el comienzo. Acudir a Esteiro al eco de la victoria es divertido; pero hacerlo SIEMPRE es lo que prolongará la vida de este club.
Ahora que lo pienso, creo que he mentido. Sí, hoy es un día para estar feliz, pero también un poco triste… Triste al pensar que en un par de días será sábado y no juega el Uni en Esteiro. 

Hoy es un día para celebrar