Rehenes de sus declaraciones

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Cada vez que el dios de la meteorología se apiada de los gallegos y nos concede un verano típico, es decir, con calor y sin lluvia, Galicia arde por los cuatro costados. Tal es así que desde la creación de la comunidad autónoma ( y si nos empeñáramos en hacer un poco más de memoria, también), todos los gobiernos que han sido, cuentan en su casilla del debe con, al menos, una oleada de incendios espantosa.
Los expertos y los profesionales, quienes saben de verdad de qué va todo esto, hablan de que la génesis de esta situación está en un problema de orden público. Es decir, que siempre hay un grupo de unos cuantos malnacidos dispuestos a prenderle fuego a un predio por la más peregrinas de las razones.
No hay tramas y el número de pirómanos psicópatas, es decir, de enfermos mentales, es muy bajo, demasiado como para achacar a un colectivo trauma freudiano de los gallegos la inclinación por gigantescas lumeiradas boscosas.
Para quienes nada tienen que ver con la política, la solución pasa por un endurecimiento de las penas, por mayor vigilancia en los bosques y, por supuesto, por tener un sistema de detección precoz y de respuesta rápida ante la aparición de las llamas.
Por su parte, sus señorías parecen más interesados en mantener una lacra que saben que les da todos los años argumentos para atacar al contrario que en solucionar de verdad el problema. Ni el Partido Popular, ni el bipartitos ni tampoco el tripartito, han conseguido nunca resultados aceptables en la lucha contra el fuego cuando los elementos se han puesto en su contra.
Eso sí, cada vez que coincidiendo con agosto el sol se va de vacaciones, quienes gobiernan sacan pecho sobre su efectividad, sin aclarar que su éxito se debe a la persistente borrasca británica y los de enfrente callan y esperan que el anticiclón de las Azores recupere su reinado y vuelva a poner a todos en su sitio.
Este descorazonador panorama todavía lo es más a la vista del comportamiento cainita de los integrantes de las diferentes formaciones, pero poco se puede esperar de ellos si los políticos no son capaces ni de ponerse de acuerdo con la que está cayendo en lo económico, menos lo van a hacer por la desaparición de un poco de verde en esta esquina peninsular.
Pedirle a un político que renuncie a utilizar de forma torticera un tema que le da artillería para abatir al rival es, nadie lo duda, una pérdida de tiempo. Pero hasta desde la oposición debían ser conscientes de que si algún día llegan al poder serán rehenes de sus declaraciones y comportamientos. De hecho, todos los son ya a estas alturas.

Rehenes de sus declaraciones