AYUDAS INDIGNANTES

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Circulan por la red unas páginas de Boletín Oficial del Estado de 23 de noviembre que dan cuenta de una resolución de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores, por la que se conceden subvenciones a fundaciones y asociaciones vinculadas a partidos políticos para la “promoción de actividades de formación, consolidación y difusión del sistema democrático”, una labor encomiable que merece ser apoyada con ayudas económicas.

Pero lo que llama la atención es la ambigüedad de las actividades que dicen van a realizar esas fundaciones. Por ejemplo, la Fundación FAES del Partido Popular recibió algo más de un millón de euros para la “promoción de la libertad y de la democracia, el fortalecimiento de los partidos políticos y la promoción de reformas políticas” en los países en desarrollo (¡).

La subvención a fundaciones vinculadas a los partidos es un “despilfarro legal” del dinero de todos amañado por los propios partidos para sostener sus chiringuitos

 

Por su parte, la Fundación Ideas para el Progreso, vinculada al PSOE, recibió ayudas por un importe cercano al millón de euros para “promoción de actividades de formación, consolidación y difusión del sistema democrático” ¡en medio mundo!, porque incluye a países tan diversos y distantes como: Cabo Verde, Túnez, Palestina, Guinea, Uruguay, Chile, Colombia, República Dominicana y Argentina; para “jornadas, encuentros y seminarios en África y en el Cono Sur y Cuenca del Caribe”.

Para actividades similares recibieron subvención la Fundació Joseph Irla, de Esquerra Republicana; la Fundació Rafael Campalans, del Partido Socialista de Cataluña; la Fundació Catalanista y Demócrata Trías Fargas, de Convergencia y la Fundación Sempre en Galiza, del BNG.

“Me gustaría ser extranjero para reírme”, decía el personaje de una viñeta de humor ante la situación de España, y ante este “despilfarro legal” del dinero de todos -nada menos que 2.200.000 euros- amañado por los partidos como tapadera para sostener sus chiringuitos, no es fácil contener la indignación.

Joaquín Garrigues, cuando era ministro dijo que “si la gente supiera lo que se discute en los Consejo de Ministros, saldría corriendo a Barajas para tomar el primer avión”. Si viviera hoy seguramente diría que si la gente supiera como mienten los partidos y sus fundaciones para apropiarse de nuestros dineros, fletaría autobuses para asaltar metafóricamente Madrid, donde se toman estas decisiones, para acabar con el despilfarro indignante de un sistema degenerado. Como los franceses asaltaron en su día la Bastilla para escenificar la caída del antiguo régimen.

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