Huele a podrido

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En efecto. Algo huele a podrido en Dinamarca, con la depredación de bienes a los refugiados. Muy semejante a lo que hicieron los nazis a los judíos, a los que quitaron bienes, dientes de oro, el pelo a las mujeres la grasa corporal para hacer jabón y su piel para hacer abrigos a la Gestapo. Solo les falta ya cremarlos. 
También en España algo huele a podrido. Concretamente, Felipe González, aquel exsocialista del PSOE, que presiona a Pedro Sánchez para que deje gobernar al PP y C’s, mientras un nuevo caso de corrupción del PP sale a la palestra judicial. Claro que, de este nacho, inventor del pelotazo y tente tieso, y de la OTAN no, pero sí de este hombre sabio de los cojones que cobra de todos lados, se puede esperar todo. Los votantes socialistas deben estar contentos con esta momia de la Transición que debería ir a su sepulcro de Casablanca a capar cigarras, escarabajos, o lo que carajo haya por allí.     
 

Huele a podrido