EL MÉDICO DE ARMSTRONG

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La lógica dice que quien nace en Pekín prefiere el arroz a las angulas; que a un vienés le gusta más la música clásica que el rap, o que un natural de Río de Janeiro ama el despiporre y odia la censura.

Esa misma lógica señala también que un texano escogerá antes un caballo que una bicicleta. Sin embargo, Lance Armstrong, originario de Austin, la capital de Texas, se decidió por dar pedales en vez de cabalgar. Y durante mucho tiempo se pensó que no lo hacía mal, porque hasta siete años seguidos ganó el Tour de Francia.

Claro que después se supo que, mientras la mayoría de sus rivales subía los puertos impulsándose con la fuerza que le proporcionaba un plato de espaguetis y todos llegaban rendidos a la meta, él recibía una alimentación suplementaria. Acababa la etapa, se metía un pico y estaba como nuevo para recorrer al día siguiente más rápido que nadie otros 200 kilómetros, jalonados de montañas alpinas y soportando una temperatura superior a los 30 grados.

La medicina le aportaba la dosis extra de energía que le permitía recuperarse de los esfuerzos en un tiempo récord y circular por las carreteras de Francia a velocidades supersónicas. Pero ahora todo eso se ha perdido. Armstrong ha sido desposeído de sus títulos por tramposo y su médico se ha quedado sin empleo.

Aquí, en Galicia, las elecciones también han enviado a muchos al paro y quienes conservan su puesto de trabajo dan la impresión de haberse solidarizado con los cesantes. El país no se mueve desde el 21-O, está sumido en un letargo del que no lo despierta ni el tronante Beiras.

Fueron dos semanas de campaña –una menos de lo que dura el Tour–, han transcurrido quince días desde que se celebraron las elecciones y el pelotón político aún no ha reanudado la marcha. Si es por falta de fuerzas, habrá que contratar al médico de Armstrong para que pase consulta en Santiago y reactive a sus señorías.

La clínica que regentó el doktor Al Zheimer, aquel especialista en enfermedades neuronales que tan buenos servicios prestó a la Xunta hace unos años, sería el lugar idóneo para que aplicase sus técnicas. Además, contaría con la ventaja de que los políticos no tienen que someterse a controles antidopaje.

EL MÉDICO DE ARMSTRONG