El capitán Américo y la política

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Esta vez bastó  solo la mirada. Dejó el banco ágilmente y  bajamos hacia Curuxeiras; dadas las circunstancias, hablar de política era inevitable.
Claro que sigo la política –respondía a mi pregunta– lo que más me llama la atención, incluso porque pasa desapercibido, es una abstención del 40% en una situación como esta. El ciudadano puede estar harto  de los políticos pero hay que pensar en las históricas circunstancias actuales, y asumir que el voto es fundamental para los intereses generales de la sociedad.
También es asombrosa la recurrente postura de los personajes públicos en descalificar al contrario, en vez de defender las propias ideas, sobre todo explicando su viabilidad.
Escuchamos excusas sin sentido negando pactos debido a que sus votantes pidieron el cambio. ¿Hay mayor cambio que pasar a un gobierno de coalición? Alemania es un ejemplo, las instituciones están más controladas con lo que serán menos  extractivas y no  ahogarán con impuestos.
En esta legislatura, de mayoría absoluta, se perdió una oportunidad única para hacer la imprescindible reforma política y administrativa; asignatura ya resuelta por  vecinos como Italia o Francia. Esto no ayuda a bajar el déficit público,  aumenta la deuda que hay que pagar y resta recursos para sectores  como la sanidad, educación o apoyo al emprendedor. De todas formas lo que  ha pesado como una losa, es la postura ambigua ante la corrupción. Esto y la todavía escandalosa  cifra de desempleo no se perdonan.
Sí hay otras actuaciones  afortunadas que no se quieren ver: evitar el rescate en una situación  con todo en contra,  ha sido valiente e inteligente. La gestión de la crisis bancaria no ha sido mala, aun empleando el dinero de todos. Y se debe reconocer que se ha dado la vuelta a la economía; tanto en el crecimiento del PIB como en el cambio de tendencia del desempleo; se recuperó la credibilidad de los mercados y  la entrada de capitales, recuerde que el 38% de la bolsa española esta en manos de inversores externos. Además  se afrontó el problema secesionista  mucho mejor de lo que algunos piensan.
Bueno, pero tenga en cuenta –argumenté– que si se hace la reforma política, no queda sitio para colocar amigos y devolver favores.
Esto es un problema común de la política española. Da igual el partido que sea. Pero todo tiene solución, solo hay que buscarla. En la transición uno de los grandes desafíos que se afrontaba era la reducción y profesionalización de las Fuerzas Armadas, una de las medidas aplicadas fue clave: dar la oportunidad de marcharse con el sueldo integro y posibilidad de trabajar. Puede parecer un exceso, pero se hace de una vez y se acaba con un problema histórico.
Debido a tener Ayuntamientos de pequeño tamaño, no generan recursos suficientes para dar servicios, por lo que tienen sentido las Diputaciones.  Fusione los primeros para  que no sean  necesarias las segundas y tiene media reforma encaminada a falta de adaptar la realidad de las autonomías.
Otro gran obstáculo para la España actual es el nacionalismo radical. Esto no es nuevo ni aquí ni en muchas partes del mundo.
La política centralista de Margaret Thatcher,  supuso un gran crecimiento de Londres, llegando a acumular el 20% del PIB del país. También allí se encendió, sin resultados naturalmente, la  llama independentista.
Siempre unas minorías  influyen en las  mayorías porque éstas tienen sus ocupaciones y poco tiempo para defender su postura, para ello confían en  gobiernos elegidos democráticamente y que representan a todos los ciudadanos, tanto a los pocos, como a los muchos con más razón.
Todos tenemos derecho a  opinar respetando las normas, que por instinto el hombre tiende a saltárselas “no le pida al ciudadano que no robe impídaselo”. 
En consecuencia es respetable que una minoría quiera segregar a su pueblo de un país común, lo que no es asumible es que pretenda imponerlo. Si quiere otro estatus político que lo busque por los medios legales, en este caso  intentando cambiar la constitución; tarea difícil siendo minorías.
Repasando la historia, circunstancias peores ya las  hemos superado en la transición, etapa admirada mundialmente y que generó un progreso nunca imaginado. 
En una sociedad en la que ser mayor esta mal visto y la experiencia se desprecia,  la actuación de los padres de la constitución,  pensando como país y no como partido, aun con posturas tan diferentes como  Fraga, Carrillo o el propio Pujol, si que es un ejemplo de progreso.
 

El capitán Américo y la política