Ya asoman

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Cuando los fenómenos xenófobos se extendían por Europa, diferentes tertulianos se congratulaban que, aquí, no hubiera un partido de extrema derecha. Yo hacía mis cábalas sobre la desaparición de toda una generación de ultras que mamaron del franquismo, y siempre llegaba a la misma conclusión: “estaban cómodos con las políticas liberales y ultra liberales que se desarrollaron en España durante la transición, sobre todo, las llevadas a cabo por su partido natural, el PP”. 
Las declaraciones de su presidente Pablo Casado, ex asesor de Aznar, corroboran ésta tesis. Hoy lo vi en Ceuta, estrechando la mano de unos 20 subsaharianos, después de despotricar por la, según él, excesiva permisividad del recientemente nombrado Gobierno de Pedro Sánchez. Hay que ser cínico para, en unos foros criticar la llegada de estos refugiados, y cuando tiene la ocasión, saludarlos para la foto como si fueran bienvenidos. Luego habrá lavado las manos con sosa. 
Pero, es que cuando Europa tenía asentamientos en los diferentes países africanos, no iban como hermanitas de la caridad, incluyendo nuestro país, cuyos asentamientos de Ceuta y Melilla, lo corroboran. Iban, asesinaban, y se quedaban con sus minas, sus ciudades, sus granjas y sus mujeres. 
Si viviera el Rey Leopoldo de Bélgica, mucho nos podría contar sobre este extremo. Cuando les dieron la independencia, una vez esquilmados de recursos, los abandonaron a su suerte para que aquellos que se habían formado en los ejércitos invasores, se convirtieran en sátrapas, convirtiendo a sus pueblos en lacayos a su servicio.
Y hoy, cuando Europa tendría que ceder una mínima parte de sus recursos para acoger a los que huyen de hambrunas y guerras, aparecen salva patrias en Italia, Grecia, y como no, en España, que con discursos que ahora sí que son populistas, intentan crear una ola de opinión de rechazo a lo africano. Y eso, mientras no seamos capaces de sacarles partido. Y los jeques, en Marbella.
 

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