PROCLAMA

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Aún me tiemblan las tabas. Reconozco que oír a Su Majestad, Don Juan Carlos I, dando recetas para reflotar la economía europea (y, por ende, la española) me ha hecho llorar. Sí, de emoción; y no lo digo de coña. De forma serena, con sagaces razonamientos: zis-zas, en solo cuatro frases, lo ha dejado pulido y para barnizar. ¡Por fin, podremos prescindir de los sabios del Gobierno! Montoro y De Guindos, podrán irse a sus casas. Rajoy, de momento, no; pero todo se andará. ¿Y qué decir de la Merkel y Sarkozy? Los veo sachando remolachas en el Magreb. Esos no tienen puta idea, y no son más que unos sacamantecas del tres al cuarto.

Lo mismo podría aplicárseles a los representantes sindicales de siempre y a los de la CEOE. Todos ellos deberían ser juzgados por incompetentes (no me refiero a la capacidad de los jueces, sino a su propia incompetencia), si se encuentra algún juez que se sienta competente para el caso.

Con estos asuntos hay que andarse con cuidado. Ya ven lo que le ocurrió al juez Garzón: visto como incompetente para juzgar los crímenes del franquismo por otros jueces que se autoconsideran incompetentes para juzgar los crímenes del franquismo, porque ninguno se sintió, nunca, competente para juzgar los crímenes del franquismo. ¡Hay que echarle cojones! A la frase y a los jueces. Vista la capacidad del Rey, que es la leche de competente en todo, propongo que sea nombrado Rey de Europa y solucione todo este follón. He dicho, nenos.

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