Algunas cosas que no dicen las siglas (o sí)

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Qué dicen las siglas, esas que dicen que nos lo explican todo, que supuestamente reducen a mínimos cualquier contenido, que resumen ideas, intenciones, propósitos, promesas...? OTAN, ONU, Unesco, UE, CE, FNL, PC (Personal Computer, no vayan a pensar lo que no es), PP, PSOE, EU, CiU, UM, PNV, BNG, AGE, Anova... No dejan de ser meros conceptos, proyecciones inconclusas y, habitualmente, anacrónicas. La idea no me ha venido tanto por las propias, las últimas citadas, como por las extrañas, aquellas tan ajenas a este país, por ejemplo PDL (Partido de la Libertad), ni más ni menos que liderado por Silvio Berlusconi, primer ministro italiano en dos ocasiones, ahora estirado cartón de sí mismo que recuerda al Jude Law de “Inteligencia Artificial”, tanto en el pelo estático, como si de un casco se tratase, como en ese potencial tan primitivo de máquina del sexo siempre dispuesta, permanentemente engrasada para púberes y menopáusicas. Da igual. Primero, pongamos las palabras y, luego, dotémoslas de lo que se nos antoje. Veamos si no en este país: Un Partido Popular (PP) menos “popular” que nunca, que cada vez menciona menos la palabra centro, contradicho por elementos incómodos, proclives a una nostalgia de la que nada saben; o un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que trata de-sesperadamente de recuperar contenidos tan sociales como lo son los que se refieren a eso de vestir un buzo y picar piedra, poner ladrillos o apretar tuercas, de los que en buena parte se olvidó antes de ser oposición.
Más centrados en Galicia, lejos de la unidad que parecía ostentar la palabra “bloque” –muro, contención, solidez– el nacionalismo autóctono, muy diferente del vasco o el catalán –tan próximo en ocasiones al carlismo el primero, y tan autista, cuando le interesa, el segundo–, ha visto cómo caía algún que otro pilar.  Falta lo de AGE (Alternativa Galega de Esquerda), algo más ajustado tal vez al concepto –lo dice todo: que es una alternativa, que es gallega y que es de izquierdas– aun cuando proceda de una coalición que el resto de las formaciones desearía que nunca se hubiese dado. Y menos ahora, que lo de EU –al margen de lo de “esquerda”– va camino de reforzarse, pese a lo reiterativo, con lo de EUdeG(alicia). Lo de Anova es diferente; es, sencillamente, más nuevo, tanto que no faltan precisamente lugares en los que la estructura brilla por su ausencia.
Regresando a la obviedad, lo de “Galicia” no deja de ser, pese a los empeños en la búsqueda de identidad de los grandes partidos, un mero formalismo carente de contenido. En especial si tenemos en cuenta que lo que aquí votan, lo desbotan allá, que es sin duda en donde se decide sobre lo verdaderamente necesario.
Así que, volviendo a Il cavaliere, lo de las siglas es lo que básicamente queremos que signifiquen. Y es que lo de PDL también podría ser aquello otro de Permesso de Libertinaggio.

Algunas cosas que no dicen las siglas (o sí)