Deberes

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Los padres hemos ido convertiendo a nuestros hijos en partícipes de una competición sin freno ni límites. Creemos que tienen que ser los mejores y más preparados y para ello, además de la educación estrictamente reglada los apuntamos con entusiasmo a todo tipo de  actividades extraescolares, idiomas, informática, deportes o el aprendizaje de cualquier instrumento musical. Y lo malo no es el concepto, sino su ejecución, porque los apuntamos a todo a la vez, y los niños, claro, se agotan y no dan más de sí. Por si fuera poco, los colegios siguen, en general, con la matraca de los deberes para casa además de mantener una enseñanza eminentemente teórica y basada en la memorización. En resumen, un suplicio para los chavales que ni reciben una enseñanza práctica orientada a su inserción laboral y que se ven abocados a esfuerzos titánicos amontonando horas de estudio y deberes que, en muchos casos consiguen el efecto contrario al pretendido. Al menos que disfruten del verano.

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