Mentiras y democracia

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Imagino que no voy a ganar muchos adeptos con esta columnilla de nada en la que solo pretendo plantearme cómo funciona nuestra democracia, si sirven o no los referendos y las consecuencias de una y otra cosa. De entrada conviene dejar claro el viejo tópico: mientras no se invente otra cosa, el menos malo de los sistemas políticos es el democrático. Vale, queda claro. Como queda claro que es la ciudadanía la que debe tomar las decisiones y a la que hay que consultar ¿todo? Esa es la gran pregunta.
Sería fácil recurrir ahora al arrepentimiento de los millones de personas que se arrepienten de haber votado el Brexit. Y sería fácil plantearse lo que significan los resultados de nuestras elecciones. Hay cosas terribles como la simplificación en las redes sociales de podemitas radicales que pedían la muerte de los viejos que son los que votan al PP y evitan la política del cambio. Pero eso son anécdotas porque también hay radicales de derechas escribiendo tonterías parecidas pero al revés.
Lo que me pregunto es algo que también reconoció el mismísimo Felipe González en plena madurez: fue un error hacer un referéndum sobre la entrada en la OTAN. Y claro que fue un error porque hay materias y cuestiones que nosotros, los que los partidos llaman la gente no podemos valorar con la información que tenemos. Siempre me mostré a disgusto con algo tan progre y democrático como el jurado popular porque no me fío ni de mí mismo cuando intento ser objetivo en cosas que me afectan sentimentalmente. Y el jurado popular va teniendo un recorrido de estruendosos fracasos.
Y qué decir del Brexit y de la cantidad de mentiras que dijeron los defensores de la salida sobre las cuentas de Gran Bretaña, sobre la situación genial que se iba a producir, sobre que no iba a pasar nada. Era mentira y la gente votó creyendo esas mentiras, porque estas cosas tan técnicas se votan con el corazón y uno se cree lo que le dicen los que dicen lo que quiere uno oír que pocas veces tiene que ver con la verdad.
¿Cuántas veces hemos hablado de lo que pasaría con una Cataluña desconectada de España? Pero no solo lo han dicho los que están afectados por el problema sino economistas, politólogos, intelectuales... El “España nos roba” sigue vivo en las conciencias sin reflexión de muchos y ya se pueden escribir tratados y echar las cuentas que se quieran para demostrar que no es verdad, que nadie de los convencidos dejará de creerlo. “Cataluña se irá de España pero continuará en Europa” es otro de los mantras. Geográficamente claro, pero quien lo afirma sabe que ni política ni económicamente eso es posible y es ahí donde reside el problema de nuestras democracias: en las mentiras que impunemente nos quieren vender unos y otros.
Porque las mentiras al final calan y el ciudadano, que es un tipo normal que ve la tele, oye la radio y hasta compra algún periódico, no es un experto en casi nada. Y entonces llegan ellos y te dan dos versiones radicalmente antagónicas. Ellos son los líderes, los que manejan los datos y están en el secreto de las cosas. ¿Quién me está diciendo la verdad? El ciudadano no tenía por qué saber la trascendencia de entrar o no en la OTAN, para eso deberían estar los gobiernos y sus asesores. Pues esas cosas pasan un día sí y otro también. El plebiscito al final solo logra dividir y enfrentar y si los políticos están constantemente preguntando a las bases no puede ser por una cuestión de pureza democrática sino más bien para liberarse del peso y la responsabilidad que tendrían que asumir. Y no se atreven.

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