LOS OJOS DE LOS NIÑOS

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Cuándo nos vamos a curar de los ojos de los niños sirios, afganos, iraquíes, que estos días nos ofrecen por decenas en la televisión. Niños naufragados, enfermos de presente, ateridos de frío, otros ni eso, de un presente muchas veces provocado por Occidente, por nuestra opulencia. ¿Qué es lo que hace falta para acabar esta locura de semejantes,  ahogados? ¿Necesitamos una guerra para sentirnos bien? El mar Mediterráneo, con tantos muertos en su fondo. 
Cómo le vamos a pedir a estos niños cuando sean adultos que nos disculpen, que comprendan a un Occidente que para su tranquilidad necesita que otros dejen de existir. No podemos construir sobre la inexistencia de otros países, de otras culturas, de otras diferencias. Sobre todo porque nosotros no tenemos nada seguro.  
Somos unos padres que no pueden garantizar que sus hijos tengan patria. Aquí nos intentan convencer de que nuestra patria es el mercado, con su no lugar. Menos mal que nos quedan vuestros ojos para recordarnos la angustia, el miedo, el hambre, la inocencia, lo efímero, las calles de nuestra infancia. Los ojos de los niños son una cultura en sí mismos, son quizás los únicos signos de que la humanidad tiene sentido. Pero los niños necesitan sus barrios, sus juegos, agua, comida, casa, abrazos y sobre todo paz. 
Como dice un padre sirio con su niño en brazos: “Necesitamos tener una vida”. Todo contrasta con una afirmación de Obama anta la muerte de Gadafi: “Le devolveremos al pueblo libio dignidad, libertad y oportunidad”. No contaba, o sí, con un estado fallido y que la población se lanzaría al mar sin vida. 
Porque de eso se trata, de encontrar una vida que huela a comida y a abrazos. ¿Nos suena esto de algo? Mientras se tengan refugiados que vaguen por los caminos se tienen esclavos, se tiene dominio. Han quitado a dictadores a cambio de no reconocer ya los lugares, de vaciarlos de contenido, de esperanzas. ¿Nos extraña que vaguen por nuestros caminos? Solo viene a recordarnos lo que hemos hecho y nuestra opulencia construida sobre crímenes.

LOS OJOS DE LOS NIÑOS