La penúltima transición

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Se caen los argumentos de quienes ponen en duda la independencia de los tribunales de justicia a la vista de las sentencias dictadas y las instrucciones abiertas que muestran a las claras la separación de  poderes. Agradezcamos a los jueces el cumplimiento de su función constitucional que está ayudando a reforzar las bases de nuestra democracia.
Estos días, asistimos al bochornoso espectáculo de ver al ex presidente autonómico Ignacio González  enfilando la prisión,  empujado por un presunto saqueo de las Instituciones Pública que están al servicio de los ciudadanos y no del suyo, a semejanza de su compañero de gobierno Francisco Granados. 
Precisamente, ambos forman parte de ese grupo neoliberal madrileño de carotas que ocupan las Administraciones Públicas, denuncian sin rubor su ineficiencia y claman para introducir criterios de mercado en su gestión.
Este episodio marca el final de una época caracterizada por el tamayazo con que llegó al poder la desentendida Esperanza Aguirre; la construcción de radiales inviables con expropiaciones que beneficiaron a familias como los Franco o los Serrano Suñer; al fulgurante ascenso desde la nada de Villar Mir, el exiguo ministro de hacienda de Arias Navarro que forjó un imperio empresarial a golpe de compras a precios irrisorios, hoy en horas bajas envuelto en escándalos en México y España; la inmoralidad en la privatización de la sanidad pública de la Comunidad; la venta de viviendas sociales por la mujer de Aznar a fondos buitre; condecoraciones civiles a símbolos religiosos católicos. Podía seguir mucho más pero, llegados aquí, me pregunto por qué a menudo aparecen en medio supervivientes de la dictadura franquista. 
Creo que está terminando de desmoronarse un mundo que debió de hacerlos hace décadas. Casualidades de la vida hicieron que el viejo falangista Utrera Molina falleciera estos días y vimos desfilar su féretro a hombros de su yerno Ruiz Gallardón, presidente de la Comunidad de Madrid, Alcalde de la Villa y ministro de Justicia de la democracia, entre un pasillo de camisas azules entonando el Cara el Sol. 
Algo impensable e ilícito en otras democracias y agradeceríamos que se lo afearan los demócratas del Partido Popular. Confío que esta vergüenza defina la penúltima transición. 
 

La penúltima transición