LA GALLINA

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Cuando el zorro propuso matrimonio a la gallina, ésta –que era un poco zorra, como todas las gallinas– encontró la proposición más que razonable y, sin dudarlo, le dio el sí.
La noche de bodas, en lugar de buscar tener un huevo, el zorro se dio una panzada de la hostia con la gallina. Algo parecido a esta fábula, parábola, cuento, o lo que carallo sea, me suena la aparición de Rajoy en la tele, por vía no plasmática, haciendo patria de sus “éxitos de gobierno” buscando, tal vez, el voto de las gallinas para su partido en las elecciones europeas.
¡Cuidadín , cuidadín, gallinitas! Yo le he visto asomar el colmillo al zorro, con plumas. Claro que, sexualmente hablando, hay gallinas muy raras, a las que gusta asumir riesgos en busca de una vida de placeres indescriptibles. Créanselo, en ese campo, lo mismo caen gallinas viejas, casadas o solteras. Moraleja: Aunque no seas gallina, nunca te fíes de un zorro.

 

LA GALLINA