UN CAMBIO CON URGENCIA

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No me atrevo a decir que haya que refundar el Estado, como proponía la lideresa de Unión Progreso y Democracia, pero lo que sí hay que refundar o regenerar son los procederes democráticos –y la democracia misma–, porque la crisis está dejando al descubierto un montón de miserias en el país, gran parte de ellas causados por la mala gestión de muchos políticos que desempeñaron –y siguen desempeñando– sus funciones de forma negligente e irresponsable.

Sobran ejemplos, pero cito solo lo dos más reciente. La semana pasada se cerró el capítulo del pago de las deudas de los ayuntamientos con autónomos y empresas: cerca de dos millones de facturas impagadas por importe de 9.584 millones de euros. Solo en Galicia los municipios más grandes, y no están todos, declaran una deuda de 65,5 millones.

Dice el ministro Montoro que esta medida puede salvar 100.000 empleos, pero ¿cuántos autónomos y empresas han quebrado y cuantos personas han ido al paro por los impagos de alcaldes irresponsables? ¿Cómo explicar que los mismos concellos que persiguen y embargan al ciudadano por una simple multa de tráfico sean los primeros morosos? ¿Para que sirve los órganos de intervención si no son capaces o no tiene atribuciones para hacer auditorias en tiempo real, sancionar y hasta destituir a tanto irresponsable?

El país tiene muchas vías de agua y nuestro modelo democrático necesita una refundación o, al menos, una regeneración urgente

 

El segundo ejemplo también es de la semana pasada. Tras el Consejo de Ministros, el Gobierno anunció el cierre y liquidación de 24 sociedades estatales –hay cerca de 4.000– y la desinversión en otras 43 sociedades mercantiles. Muchas de esas empresas no tenían actividad conocida ni plan de negocio, pero sí tenían consejeros “amiguetes” pagados por el erario público.

El balance es aterrador: miles los puestos de trabajo perdidos por el impago de las deudas y millones de euros dilapidados en el dispendio empresarial sin que nadie, ni gobiernos, ni diputados, ni partidos políticos pidan cuentas y responsabilidades a los alcaldes deudores o a los que mantuvieron esos tinglados empresariales.

Si sumamos a esto la economía sumergida, el fraude fiscal, la tolerancia con la deuda millonaria del fútbol, la corrupción incrustada en las entrañas de personas y administraciones y los cuantiosos despilfarros en infraestructuras innecesarias e inútiles, hay que concluir que el país tiene muchas vías de agua y nuestro modelo democrático necesita una refundación o, al menos, una regeneración urgente.

UN CAMBIO CON URGENCIA