LA VERDAD AUNQUE DUELA

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El panorama de la actual política española ofrece un progresivo deterioro de las siglas y denominaciones de origen con que los partidos políticos se presentan ante los ciudadanos. Muchos de sus nombres han desaparecido o han quedado obsoletos.
En los primeros años de la democracia hubo un partido político, fundado por Blas Piñar, que se llamaba Fuerza Nueva y del que se decía que ni era fuerza, por el escaso número de seguidores que tenía, ni era nueva, por lo retrogrado de muchas de sus propuestas.
Tampoco tuvo mejor fortuna el partido llamado Alianza Popular, liderado por Manuel Fraga y que no obtuvo el respaldo popular esperado ni alcanzó la mayoría natural que con tanta insistencia reivindicaba.
Por su parte, la Unión de Centro Democrático tampoco tuvo mejor suerte, pues había nacido con plazo de caducidad. Su unión era teórica y en la práctica muy débil y frágil, pues estaba constituido por un conglomerado coyuntural de liberales, cristiano-demócratas y reformistas del tardo franquismo que, cumplido el objeto social de alumbrar la democracia, desapareció y se extinguió.
Los anteriores ejemplos pueden considerarse como los más significativos de la precariedad política y falta de sustrato doctrinal sólido y unitario que marcó su nacimiento y desaparición.
Actualmente, los principales partidos que en estos últimos años se disputaron la acción de gobierno, también adolecen de una progresiva falta de identidad, o mejor dicho, de una falta de sintonía entre su marca o denominación de origen y el contenido y fidelidad a sus ideas.
En efecto, Izquierda Unida está cada vez más desunida y corre el riesgo de ser fagocitada o absorbida por Podemos, el partido recién estrenado y que le rebasa por la izquierda.
Si, por otra parte, nos fijamos en el Partido Socialista Obrero Español comprobamos que hace tiempo que ha dejado de ser obrero y, por lo que se refiere a lo de español, presenta algunas fisuras en su defensa, amén de abandonar en parte, su tendencia social demócrata por el temor de perder parte de su electorado más escorado a la izquierda.
Por último, el Partido Popular puede dejar de ser popular si el apoyo mayoritario que obtuvo en las últimas elecciones generales, le vuelve la espalda y opta por otras opciones, más o menos afines, o por la abstención.
En cuanto a Unión, Progreso y Democracia de Rosa Díez, Ciudadanos de Albert Rivera y Podemos de Pablo Iglesias han tenido el acierto de “salir al mercado” con etiquetas muy genéricas o más modestas que, por sí solas, no comprometen ni prejuzgan nada, lo que tiene la ventaja de evitar que se confunda el producto con la marca.

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