Tiempo de cambio

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Allá por los años sesenta, en la España en blanco y negro, en el cine principal de la ciudad donde vivía, a la función sabatina de las 19.45 iba ir con chaqueta y corbata. Las sociedades “importantes” exigían en sus fiestas principales “ropa de fiesta a las damas y esmoquin a los caballeros”. Los domingos,” se llevaba” efectivamente el traje de los “festivos”. A la ópera y al teatro lo mismo. En las Cortes el paisaje incluía cregos y militares. Lo pintoresco eran las tres o cuatro mujeres y la media docena de procuradores de más abajo del Peñón, por aquello de la tradicional amistad con los árabes, moros y similares. Para enterarte de las cosas tenías que buscar “la Pirenaica” o la BBC, 
Pasaron los años y la transición nos trajo a ilustres del Movimiento (Suárez, Martín Villa, por ejemplo), a los tardo-franquistas de Fraga (¿recuerdan los siete magníficos?) que convivían con los representantes de partidos políticos hasta entonces proscritos. Aunque el traje azul, camisa blanca y corbata a juego era lo normal, había pana y Alberti sorprendió a todos con una chaqueta que recordaba a los jefes de pista de los espectáculos circenses. Llegaron luego aquellos jóvenes bautizados como “los penenes” para hacerse cargo del gobierno, nacieron las autonomías –al grito de café para todos o el reparto del queso, según un ministro– y se instaló el bipartidismo.
Entramos en el siglo veintiuno y los periódicos se siguen en el móvil o el ordenador; los domingos el personal se pone el “chándal” pues aguantaste de domingo por la semana y, lo más importante, los jóvenes –que decían los “clásicos” que pasaban de todo– cambiaron las plazas por el Parlamento y con ellos entró en la Carrera de San Jerónimo otro aire diferente. Recordemos que de perroflautas pasaron al Parlamento europeo, a los ayuntamientos, diputaciones, parlamentos autonómicos y el senado. Y, anda ya, en vaqueros y con “rastas”. 
Conviene entender que el treinta y seis por ciento (según la estadística que encontré en internet) de los españoles tiene alrededor de cuarenta años, otras modas y modos. Más importante que su vestimenta son sus ideas y proposiciones contra el copago y los desahucios; regeneración democrática y ampliación de los derechos. Lo dijo el pueblo: son tiempos de cambio. Y lo único que no cambia es la percepción ciudadana sobre Rajoy: sigue siendo el político peor valorado. Incluso entre los suyos, un 43% prefiere otro candidato

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