Estamos en la cuenta atrás

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a para diez años que cayó en mis manos un librito de Jaime Terceiro sobre economía del cambio climático. Sostenía la tesis de la influencia directa de la actividad humana como determinante principal del modelo energético no sostenible, abogando por romper el vínculo entre actividad económica y emisión de gases de efecto invernadero. Entonces, reflexionaba, no actuar resulta caro y arriesgado.
También, en sus páginas ponía en alerta de las externalidades negativas, en leguaje económico. Léase, sus efectos negativos: desde la globalidad del fenómeno climático, el impacto grave a largo plazoo la incertidumbre del alcance de las consecuencias, hasta su capacidad de cambios radicales e imprevisibles y ser una nueva fuente de desigualdad.
Hace ya una década empezábamos a concienciarnos de la insostenibilidad de un mundo basado en el excesivo consumo energético y la generación de miles de toneladas de residuos derivada del modelo de producción. 
Desde entonces, muchas cosas han sucedido. Es verdad que somos más conscientes de la situación, pero la realidad es que seguimos deteriorando el medio ambiente fruto de intereses contrarios a revertir la situación lo más rápidamente posible.
Dos de los mayores contaminantes, Estados Unidos de América y China, siempre cuestionan los acuerdos multilaterales para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Así, fruto de no pocos y difíciles esfuerzos internacionales, se consensuó el Acuerdo de París surgido de la XXI Conferencia sobre el Cambio Climático (COP21), dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, boicoteado por el Presidente Donald Trump. Siempre, Trump.
No quiero yo lanzar un mensaje de total negatividad, pues también se van dando pasos en positivo. Así, quién nos iba a decir, hace escasamente dos años, de la penetración imparable del coche eléctrico o la desaparición de las bolsas de plástico, en un horizonte próximo, que va llevar a buen seguro a un cambio cultural en la generación de residuos.
La irrupción de los adolescentes reclamando, exigiendo, a sus mayores una actitud proactiva para detener este suicidio colectivo al que estamos abocados si no le ponemos remedio es un soplo de esperanza. La pequeña Greta Thunberg hace grande la lucha contra el cambio climático al involucrar en las protestas a la humanidad del futuro.
Entendamos que estamos en la cuenta atrás para poner remedio al deterioro medioambiental. O actuamos ya o será muy difícil revertir la situación.
ramonveloso@ramonveloso.com
 

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