Indignación floral

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La indignación sobrevuela la ciudad por el vandálico acto de la destrucción de la alfombra floral que cada año los vecinos confeccionan a su excelsa patrona, la Virgen del Rosario. Una obra de arte efímera y de mucho trabajo, que tiene un soberano mérito al dedicar un tiempo precioso a esta humana actividad y de manera tan desinteresada, solo por amor a la venerada imagen del Rosario, de modo que cabe suponer la destrucción de dicha obra de arte se hizo de forma intencionada y con ánimo de arrostrar un arlequín, de quien no quiere que los valores religiosos sean una expresión popular.
La empresa encargada de ejecutar la limpieza viaria no puede, ni debe mezclarse en un asunto que salpica al causante de semejante añagaza, amordazando la verdad y haciendo añusgar al vecindario mediante una arana con argucia, salpicando la falta de tacto social que el Ayuntamiento con su petulancia pretende solapar con su tejemaneje, tergiversando a trochemoche con su comunicado abstruso de entrometerse en los asunto de la religiosidad vecinal. Un estamento puede ser ateo e incluso ácrata, pero el resto de la sociedad tiene derecho a elegir su camino; eso es democracia, lo demás el puro y duro sectarismo totalitario.
La desfachatez cometida con la destrucción de la alfombra floral es un signo de la poca inteligencia que se respira en el palacio municipal, donde se acumulan ya numerosos errores intencionados; al menos es lo que se piensa en la calle. Los vecinos no se creen las explicaciones que aporta la Marea, un mal entendido, no parece que sea esta la razón, ni mucho menos. Cuando la concesionaria interviene queriendo pagar dicha alfombra floral es que hay intencionalidad manifiesta en el hecho causado. Está por saber quién firmó la orden de retirar esta obra de arte preparada para la procesión de la Virgen y falta por explicar lo que hay detrás de todo este embrollo. La Marea no puede pedir solo disculpas, tiene que desenmascarar al chisgarabís causante o causantes de tal desatino; no se puede ni se debe pisotear como se hizo las creencias populares, estas tienen más arraigo en la gente que las resultantes de la política confulgencia para conturbar el ánimo popular.
La interpretación de la alcaldía es errónea, este incidente tiene los visos de ser causa y efecto de alguien y en la actualidad las miradas se giran a la alcaldía. Si realmente fuese un error, el propio alcalde se pudo haber presentado el día de la Función del Voto, y quedarse dando las explicaciones pertinentes. La gente le hubiese creído, pero no ha sido así,  se limitó a enviar a sus concejales a intentar apaciguar los ánimos. No era el momento, el daño se había hecho y no se podía disimular como un error al haberse llevado a cabo con nocturnidad y alevosía. El destrozo y retirada de la alfombra preparada para la fiesta mayor de la ciudad en honor de su santa patrona se presume intencionado que conviene aclarar. La fiesta del Rosario es un episodio de 1589 y fue el principio del fin de los corsarios ingleses en la mar.

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