PAREJA DE HECHO

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Que no se cuelguen medallas los hoteleros de Vigo y A Coruña por promover el intercambio de visitantes-turistas entre las dos ciudades bajo el lema un tanto hortera “Vigo ama A Coruña, A Coruña ama Vigo” en la semana de San Valentín.

Antes que ellos, los palacios de congresos -el Palexco coruñés y el Mar de Vigo- matrimoniaron con su colega, el Palacio de Congresos de Santiago, y crearon entre los tres la Asociación de Palacios de Congresos y Exposiciones de Galicia (APCG) para “potenciar en nuestra región el sector turístico de reuniones” al que las tres infraestructuras dan servicio.

De todas formas, esta iniciativa de la Asociación de Hoteles de Vigo y del Gremio de Hoteles de A Coruña es plausible porque con ella nace una nueva cultura de la integración -aprovechar sinergias y complementariedades- que quiere superar ignorancias mutuas y “rivalidades entrañables” para generar un flujo de viajeros entre las dos ciudades más importantes de Galicia que debe beneficiar los gremios hotelero, gastronómico, comercial y de ocio de ambas urbes.

Sería una buena noticia que la “cultura de la integración” que buscan los hoteleros entre A Coruña y Vigo se contagiara a otros estamentos

 

Los hoteleros saben que la necesidad obliga siempre, más en tiempos de crisis, y van en busca de clientes ofreciéndoles, además de cortesía y hospitalidad, unos precios especiales que son un reclamo importante y atractivo. Su objetivo es potenciar el turismo interno, urbano y cultural, y evidenciar una imagen de unidad del sector y de la propia sociedad que supera viejos y absurdos localismos.

También es muy interesante la idea de enriquecer la estancia en A Coruña y en Vigo con la visita a sus alrededores, tan ricos y variados en monumentalidad, variedad paisajística y gastronomía. Cualquier coruñés quedará gratamente impresionado si, después de recorrer la ciudad de Vigo y admirar la hermosura de su bahía, recala en Baiona, Tui o Santa Tecra. A su vez, los vigueses, después de pasear calmosamente por las rúas de A Coruña, quedarán prendados de la bravura del mar en Caión o Malpica, de la placida belleza de Betanzos o de la grandiosidad del cenobio de Sobrado, la catedral gallega de la montaña.

Ojala que el amor de esta “pareja de hecho” creada por los hoteleros perdure más allá de la semana de San Valentín y que sea prolífica en intercambio de visitantes. Sería bueno que esa cultura de la integración se contagiara a los comportamientos políticos, a los claustros universitarios, a las organizaciones empresariales y a las gerencias de los puertos y aeropuertos para aprovechar conjuntamente todos nuestros recursos, que buena falta nos hacen. Pero quizá sea mucho pedir.

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