Esta modernidad

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Uno de los grandes inconvenientes de la modernidad, de esta modernidad acelerada, son los nuevos coches. Esos coches que no paran de pitar desde el momento en que te sientas y lo enciendes. Rodeado de cincuenta botones, USB, cenicero, luces, radio, teléfono y las múltiples sonoridades que adornan cualquier acercamiento a las infinitas paredes o cuerpos extraños, surge una sinfonía neurótica que somete a nuestra mente a un ataque de hipersensibilidades y distracciones que nos hacen odiar haber salido de casa, de tener que levantarse para ir acompañado de sonidos que avisan de una posible amenaza o choque. Cincuenta y dos botones adornan cualquier parrilla de este supermercado visual que lo único que hace es distraernos y convertirnos en un policía de nosotros mismos. Si a esto añadimos a los que están fuera, el viaje está servido. Muerte por sobredosis de información. ¡Ay!, los automóviles antiguos, el silencio de una gran recta, nuestro propio silencio que ha sido desterrado por infinitos chips sincronizados para mantenernos despiertos. Para que el accidente esté radiado y la muerte se llene de coros de ángeles escondidos. Nada podrá salvarnos de esta modernidad sonora y neurótica elevada al rango de progreso por estos chips idiotas. Un paisaje ciego para morirnos mejor.

Esta modernidad