Máquinas vivientes

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Que el ser humano es una máquina, es algo tan obvio como que nace y también se muere…  Hemos sido así creados o diseñados, por lo que no podemos luchar contra la evidencia existencial. Una vez asumida esta premisa, ya solo nos queda tratar de buscar un buen pasar-que no todo el mundo tiene la suerte de encontrar-, y procurar hacer el bien sin mirar a quien-por nuestra tranquilidad de conciencia y por lo que pueda esperarnos una vez que pasemos a ser integrantes de una dimensión desconocida-.

Al pasar cierto tiempo, por ejemplo, los electrodomésticos comienzan a fallar, hay que cambiarle las ruedas al coche y, es recomendable, realizar un mantenimiento de nuestros hogares para evitar que estos sean devorados por las telarañas de la penumbra o por las humedades que calan sus cimientos tanto como nuestros huesos… Y, hasta a veces, sucede que todo parece ponerse de acuerdo para averiarse prácticamente en el mismo periodo. 

Cuando esto pasa, es tan habitual como absurdo pensar que los astros se han confabulado para fastidiarnos o que hemos entrado en una cadena de mala suerte de la que será complicado salir... Tonterías. Ni la fortuna se para a pensar en cada uno de nosotros como si fuésemos el centro del universo, ni deberíamos considerar que la gran dicha de la vida se rompe con el atasco del lavavajillas, los cambios de filtros de nuestro automóvil y la gotera proveniente del vecino…, por mucho que la fatalidad  haga coincidentes en el tiempo todos los tipos de averías mencionadas anteriormente.

Tenemos que asumir que todo se estropea a pesar de que lo mantengamos y lo cuidemos… Del mismo modo, nosotros también tenemos goteras que cada cierto tiempo hay que revisar aunque, desgraciadamente, para unos son mayores que para otros y hasta los hay que, incluso, las padecen antes de tiempo.

Desde este punto de vista, a nivel máquina, mecánica y estropicios; no somos tan diferentes de los aparatos que nos rodean… Así que un poco más de humildad y un poco menos de abatimiento, por favor. Absolutamente todo y todos en esta tierra está y estamos de paso. A mi parecer, nosotros somos la máquina más compleja y precisa de todas, aunque no por ello, exenta de averiarse.

Los creyentes que den gracias a Dios por poder ir reparándola y los que no lo son, que crucen dedos para que así continúe siendo antes de que la muerte nos tienda su inevitable emboscada… Porque, exceptuando esto, todo lo demás tiene arreglo, aunque este a veces resulte engorroso, caro y laborioso… Así que ya tienen propósito para el año que está a punto de envolvernos: paciencia para que todas las averías domésticas se vayan solucionado, y no dejen de agradecer el poder contar las propias.

Máquinas vivientes