El sismógrafo blanquiazul

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FALTAN cuatro días para que el Deportivo juegue el primer partido de Liga y ya han empezado los temblores en los despachos blanquiazules. No, nadie tiene el mono –este verano, entre la Eurocopa y los Juegos Olímpicos, era difícil sufrir síndrome de abstinencia–, tampoco es que falte confianza en la plantilla –al revés, parece bastante mejor que la de las dos últimas temporadas–, pero hay dudas sobre si llegará íntegra a final de mes, cuando se cierre el mercado. Las aves de presa revolotean sobre Lucas “Buah, neno” Pérez y sobre Sidnei y la marcha de ambos o incluso de uno de ellos descuajeringaría el equipo. Fue lo que ocurrió en su día con la marcha de Rivaldo; entró un pastón en caja, pero de aspirar a todo se pasó a pensar únicamente en hacer un papel decoroso. ¡Qué miedo!

El sismógrafo blanquiazul