Gestionar las tecnologías

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La revolución tecnológica representa grandes oportunidades de progreso, pero también encarna una amenaza grave: elimina más trabajos de los que crea y nadie sabe si los empleos que se generen a su amparo serán tantos como los que se pierden. La OCDE estima que la automatización podría acabar con el 9 por ciento de los puestos de trabajo en Europa, porcentaje que en España eleva al 12 por ciento, en torno a dos millones de empleos, y otras estimaciones son más crueles.
Lo cierto es que la vida de millones de personas cambiará con la robotización de tareas, la gran transformación económica y social que está afectando a nuestros trabajos y salarios. ¿Saldrá gratis la desaparición del hombre del mercado laboral? Ya hay reacciones en este sentido. Un informe del grupo socialista del Parlamento Europeo propone que las máquinas tengan el estatus legal de “personas robóticas”, lo que implicará una tasa a las empresas por los robots utilizados.
En esta misma línea, el líder de UGT proponía hace unos días elevar los robots a la categoría de “empleados electrónicos” y que las empresas coticen por esas máquinas que desplazan a los trabajadores. Por cierto, cabe preguntar –sin malicia– al sindicalista Álvarez si habrá robots liberados para actividades sindicales.
La suplantación del hombre “cotizante” plantea otros interrogantes. ¿Cómo se garantiza un mínimo nivel de ingresos para los que se queden sin empleo? ¿Habrá un nuevo reparto de la riqueza o se agrandará la brecha entre los que tienen trabajo y los desplazados por las máquinas? ¿Podrá el Estado hacer frente a las pensiones, subsidios de paro y otras prestaciones?
Estamos inmersos en la llamada cuarta revolución industrial, una transformación tecnológica que cambiará profundamente el mundo del trabajo, las relaciones familiares y sociales y el ocio. Un nuevo escenario en el que, parafraseando a Alvin Tofller, podemos ser espectadores viendo como el Titanic del statu quo se derrumba, o podemos ser actores gestionando la nueva situación con el “aprendizaje anticipador” que dice James W. Botkin es el que capacita para hacer frente a nuevas situaciones.
Las universidades deberían promover foros de discusión y reflexión y los gobiernos impulsar un gran debate social para reforzar ese aprendizaje. Porque si no aprendemos a gestionar todo lo que representa –para bien y para mal– la irrupción de la revolución tecnológica acabaremos siendo sus víctimas.

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