Plagas

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Ahora que el calor aprieta y campan a sus anchas “bichos” de todo tipo y condición (y no me refiero a algunos con los que nos topamos que tienen incluso la condición humana), no está de más recordar cómo se las apañaban nuestros antepasados para combatirlos. Como todos sabemos eran dos las plagas más molestas e insalubres con las que a lo largo de la historia han tenido que convivir nuestros marinos: las ratas y las cucarachas.
En el siglo XIX, el medio más efectivo para acabar con ambas era emplear lo que se denominaba como el “humazo”. Para ello había que sacar primero del buque todos los pertrechos posibles (por supuesto, víveres incluidos), para después cerrar los portillos y escotillas. Luego, en la bodega, se preparaban uno o varios hornillos donde se procedía a calentar el mercurio. El vapor desprendido conseguía matar todo bicho viviente, incluso las cucarachas…pero…existía un problema: no acababa con los huevos de aquellos insectos, por lo que al poco tiempo volvían a aparecer en gran número.
En el caso de las ratas, muchas veces el Mando ordenaba su “caza indiscriminada”, estimulando la inventiva de los marineros para atraparlas con premios, como así sucedía ya bien entrado el siglo XX en el María de Molina; según sabemos gracias al testimonio del que fue conocido en la Armada por el apodo del “sabio” (capitán de navío Manuel Espinosa Rodríguez), que cuando embarcó en el citado cañonero, de alférez de navío, se enteró de que se pagaba del fondo económico del buque a real por roedor.
Otro testimonio de este problema nos lo aporta el que fuera capitán de fragata, y uno de los primeros pilotos de la Aeronáutica Naval, Antonio Núñez Rodríguez, que en sus memorias hacía una referencia al crucero Cataluña hacia el año 1919, definiéndolo como: “muy viejo, donde había muchas ratas”.
Afortunadamente hoy nuestros marinos no tienen que lidiar con tan asquerosos y escurridizos enemigos, y ya desde los tiempos en los que formé parte de la dotación de la fragata Cataluña (hace 28 años) doy fe de que aquellas dos plagas jamás hicieron acto de presencia ni por sollados ni por cocina.

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