ETA y su impostura

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A  los terroristas siempre se les ha dado bien la puesta en escena. Se les dio muy bien asesinar sin piedad y se les ha dado muy bien la propaganda. Anuncian que van a anunciar. Siempre lo han hecho y ahora, ya derrotados, no iba a ser distinto. Han organizado una parafernalia innecesaria y gratuita para decir que se van, que hasta aquí han llegado ignorando que hace ya mucho tiempo ETA salió de nuestras vidas, aunque no de nuestra memoria.
El acto de “despedida” que ayer se celebró es una impostura más de los derrotados terroristas. No habrá arrepentimiento sincero, ni enmienda a la totalidad de sus horribles crímenes, ni a la inutilidad del sufrimiento generado. ETA no ha conseguido nada salvo escribir unas páginas negras de la historia.
Ante este panorama, a los que hemos vivido en primera línea los años de terror, se nos agolpan los recuerdos. Esos funerales celebrados en la clandestinidad. Esos silencios clamorosos de los que se sentían a salvo, de las palabras ociosas de quienes trataba de contextualizar sus crímenes en un afán indisimulado de justificar tanta atrocidad. Fueron años demasiado duros, de demasiada soledad como para que la impostura final de ETA suponga bálsamo alguno.
No hay que buscar venganza, ni negarse a mirar hacia el futuro con paz de espíritu, pero tampoco se debe permitir que en la historia del País Vasco y de España en general, los terroristas no sean recordados como lo que han sido, de ahí que eso que se llama “relato” debe ser un relato justo con la verdad, con las víctimas y con la propia democracia. ETA ha llegado a este punto de derrota que ahora tratan de enmascarar en una impostada despedida porque muchos que sabían que iban a morir bajo las balas o achicharrados por una bomba, no dieron un paso atrás. Aguantaron. Aguantaron las FSE, aguantaron socialistas y populares, aguantaron muchas familias atenazadas por el miedo y la amenazada. Si hubieran desistido, ETA, probablemente todavía seguiría existiendo.
Y esto es lo que hay que contar. En esto debe consistir el “relato”. En que hubo víctimas y verdugos, que no ha habido víctimas de primera y de segunda y que el País Vasco no ha habido más conflicto que la propia ETA. Hoy, ante la impostura de ETA, las víctimas se merecen un especial recuerdo. Una semana antes de su asesinato paseaba con Gregorio Ordóñez por San Sebastián. Una hora antes de que le asesinaran, hablaba por teléfono con Enrique Casas y justo cuando estalló el coche bomba de Fernando Buesa, esperaba su llamada desde el Parlamento que es a donde se dirige cuando fue asaltado por quienes hoy dicen que se despiden. Imposible olvidar tanto dolor.

ETA y su impostura