CERRADO POR PINTURAS

|

Tres pintores coruñeses: Alfonso Abelenda, Correa Corredoira y Jaime Tenreiro, tres maestros de los sueños o ensueños del pincel, se han dado cita conjunta durante un largo mes en MontyArte para crear tres espléndidos murales, tres fábulas coloreadas con sus particulares paletas y protagonizadas por sus propios númenes plásticos.

Convocados a ello por obra del azar gastronómico y contando con el connubio de estos tan raros galeristas de la MontyArte, que parecen haberse contagiado del espíritu ácrata de las Atochas, el éxito y singularidad de la empresa estaba cantado y el espacio blanco que se les ofreció “aínda incerto, desenvolveuse coma fume” (según canta el verso expresivo y expresionista de Correa Corredoira), para que en ese levitante territorio de lo inventado hiciese aparición y se concretara en velazqueños espejos y cunqueirianas memorias. Remotos antepasados, sometidos hoy al rigor de la espiral logarítmica y la proporción áurea, accedieron a la obra de Jaime Tenreiro, desde las tierras de Vilarrube y desde las ventanas del ayer, cargados de legajos, llaves y símbolos heráldicos, amén de algunos animalillos, como unas deliciosas vaquiñas de tamaño liliputiense.. Ya allí estaba, en brazos de la matrona, el futuro niño que yergue el lápiz testimonial para que la historia no se pierda.

Abelenda se retrató a si mismo, enfrentado al vano velazqueño del fondo de Las Meninas, por el que acceden al cuadro personajes incitantemente numinosos, evocadores de secretos indescifrables, mientras el espacio se va quebrando como un puzzle multicolor y creando dimensiones contrapuestas, laberintos que se entrecruzan y contrapuntos dispares que hace aparecer y desaparecer, por medio del “pentimento”. Una regla enorme, en forma de tau, yace en el suelo, como indicando que la norma clásica está caída. Asombrado, el rostro del pintor observa con extática extrañeza lo que hace o más bien ahonda hacia sus íntimas invenciones.

Y Correa Corredoira, entre tanto, sigue los vaivenes de ambos pintores y los retrata en plena faena, ellos ya dentro de su pintura, vivos y unidos a sus creaciones, fundidos en un solo cuadro y emergiendo en este tercero, con el trazo personal de Correa, mágicamente eternizados. Así, los tres juntos han marcado un hito en la historia de la plástica coruñesa, un ejercicio anti-Arco que abre las puertas del siglo

 

CERRADO POR PINTURAS