No es tiempo para otro golpe de Estado

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El miércoles, día 2, hemos vivido una jornada de actividad política parlamentaria en España como nunca, desde 1939 tuvimos la oportunidad de observar. La convocatoria de las Cortes generales para debatir la investidura de Pedro Sánchez, fue una lección preciosa que los anales de la historia recogerán y que los boletines del Congreso de Diputados archivarán para el futuro. 
Hay que destacar varios hechos, para empezar la variedad y riqueza de las exposiciones, la seriedad y la autenticidad con la que se expresaban la mayoría de los portavoces de los distintos partidos. Todo ello presentado con una sencillez y claridad digna de elogio, endulzada con citas varias desde Gramsci a Manu Chao, pasando por la poetisa canaria. 
Fue muy fácil  distinguir las viejas maneras de las nuevas, los argumentos tendenciosos de los evidentes, las envolturas llenas de juicios y acusaciones, de aquellas verídicas que trataban de desmontar la acusación del candidato con el “dilema”, muy bien presentado por Garzón, “o votáis a favor de Albert o a favor de Rajoy”.  Muy claro quedó que esa manipulación del mensaje ya no es efectivo ni entre los jóvenes ni entre los mayores. 
Los intervinientes aclararon que no iban a por ninguno de esos dos personajes, a uno, porque lo consideran fuera del ring, y al otro, porque lo respetan por su programa, aunque no les convence. Lo debió de notar el candidato porque en la sesión de la tarde se abstuvo de martillear con ese dilema, y presentó unas respuestas más comprensivas pero muy incompletas. Una nota singular fue que la mayoría de los portavoces no resaltaron, casi ni mencionaron al partido al que pertenecían, eran… otra cosa. Se dieron momentos de acaloramiento, pero sin apenas consecuencias, salvo la llamada al orden a Iglesias y a los diputados socialistas, por parte del presidente de la sala, que, por lo demás hizo una labor  competente y satisfactoria.
En algún momento el “parlamento” recordó al de las Cortes de los Notables de finales del XIX. Por una parte la recurrencia a la realidad del país, empobrecido y deprimido; por otra, las citas, y la tercera por la exigencia de “trabajar a favor del pueblo que les ha votado”; alguna que otra “daga florentina” se hizo sentir. 
Si partimos de que los últimos cuatro años, el parlamento fue un rosario de imposiciones, del “trágala” porque !aquí mando yo¡, lo del día dos fue una delicia. 
Hasta aquí las formas, ahora toca hablar de los contenidos. El candidato a formar gobierno pertenece al PSOE, pero decidió pactar con Ciudadanos, cuando los grupos de izquierda y/o progresistas rerpresentan unos millones más. El candidato alegaba que no contaba con los “separatistas e independentistas”. Muchas personas no entendemos por qué se trata a los que quieren hacer una consulta, referendum, sufragio, como si fuesen apestosos, deshonestos, casi casi criminales, hay momentos en que se puede llegar a imaginar que mandarán los tanques contra ellos. 
Esas posturas, esas reacciones lo que hacen es cargarlos de razones para seguir adelante, si se les condena al ostracismo, tendrán que buscar una salida, solos, sin contar con nadie. 
Hay que hablar con todo el mundo, sin miedo, las leyes hay que obedecerlas, pero las leyes también envejecen, se hacen obsoletas y hay que adaptarlas a nuevos contextos. Las leyes pueden ser legales, si se aprueban en un parlamento en democracia, pero muchas son injustas, repiensen esto, muchas leyes que nos marcan por donde debemos caminar son injustas, muchas son puros agravios comparativos, p.e. en la relación trabajo/salario, ¿por qué a una senadora que no asiste a las sesiones del Senado hay que abonarle la mensualidad de varios miles de euros?, y a un obrero mileurista, o menos, le pueden abrir expediente por tres faltas al chollo sin justificar.
Se han tocado muchos puntos, y muy importantes, otros se han olvidado o pospuesto, el trato fiscal a la iglesia católica, el laicismo real de este país; el número de autonomías, 17, sobran la mitad y se ahorraría mucho dinero para recuperar la hucha de las pensiones. 
Será problemático, pero hay que atacar este tema más pronto que tarde y Asturias, Santander, Logroño, Navarra, y Murcia, (Madrid podría ser la capital federal) habrá que incorporarlas en otras afines más o menos, porque este país no está para mantener la sangría por donde se van miles de millones de euros, cuando tanta gente está en el paro, la emigración o la indigencia. 
En el año 1981 se produjo un golpe de Estado, precocinado, sugerido, improvisado o traicionado, pero consiguió meter el miedo en la ciudadanía hasta extremos desconocidos. Hoy sabemos que no se van a mover los militares porque también ellos han cambiado mucho, y para bien, pero hay otros golpes de estado subrepticios que pueden darse, ¡Dios no lo quiera, y los perdedores tampoco! 
Se trata de dejar sin papeles a Rajoy y a Sánchez, alejarlos, nombrar otro candidato y conseguir así la gran coalición de derechas con el PSOE, PP y Ciudadanos. Conseguirían el poder, impedirían el cambio, pero después del  debate que fue retransmitido en España, Europa, y medio mundo, España sería considerada presa de un manto dictatorial y caciquil de viejo raigambre.
 

No es tiempo para otro golpe de Estado