De mal en peor

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La situación del PSOE en Ferrol es pésima. Si el socialismo en España y Galicia está abierto en canal, el decano de la crisis es el ferrolano, inmerso en una frenética carrera hacia el abismo desde que el caballo de Troya Sestayo tomó vida propia a finales del 2010, previamente entrenada en la ruptura del bipartito Irisarri-Díaz en el año 2008 cuando fue una de las más activas en quebrarlo. La secretaria general de la agrupación ferrolana se distingue por enfrentar a la organización, perder votos, más de seis mil, a la misma velocidad que devora militantes y ahora que por primera vez cumplió su deseo largamente añorado de ponerse al frente de un grupo político en una Institución Pública, queda al descubierto que la reina estaba desnuda. 
Peor, imposible. Llevó a su partido a ser la tercera fuerza política local, por motivos inconfesables decidió formar parte de un gobierno al que no podía dar estabilidad por no sumar votos suficientes en el Pleno, gestionó erráticamente sus competencias municipales sin conocerse actuación alguna en beneficio de los vecinos y culminó con una ridícula e irresponsable actuación que provocó la salida precipitada de concejales e hizo imposible la aprobación de los presupuestos municipales. Ante esta situación, Ferrol en Común echa más leña al fuego dividiendo al grupo municipal socialista cesando a una parte de sus miembros, permaneciendo el resto y la dirección socialista gallega mirando para otro lado.
Sestayo actúa por libre aprovechándose de la inoperancia e interinidad de la organización del partido en Galicia y España. Hace unos días, declara tránsfuga a dos concejalas cuando en el Pleno del pasado 25 de febrero ella y Bruno Díaz fueron los primeros en romper la disciplina de voto en la moción de la posible construcción en los astilleros ferrolanos de unas corbetas para Arabia Saudí. 
Desde luego, haber llegado a esta situación en parte es responsabilidad de la organización del PSdeG-PSOE, pero los afiliados ferrolanos no pueden eludir la suya por mantener al frente de la organización política a una imprudente dirigente que primero dividió la organización, luego al Grupo Municipal y nunca aportó nada a la ciudad, más bien le restó. De ellos depende revertir la situación.
 

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