INESPERADO E INNECESARIO

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Aprovechando el debate de una moción presentada por UPyD, ocho grupos parlamentarios que muy poco o nada tienen que ver entre sí, desde el gobernante Partido Popular hasta la variopinta Izquierda Plural de Cayo Lara y Gaspar Llamazares, pasando por nacionalismos varios, suscribieron la semana pasada en el Congreso de los Diputados un texto que ha sido considerado como la hoja de ruta para gestionar el final de ETA. El propio PP lo ha calificado de “consenso importantísimo, de extraordinario valor”.

Semejante novedosísimo pacto era la réplica de los “abajo firmantes” a la iniciativa del partido de la señora Rosa Díez en la que se pedía la ilegalización de las coaliciones proetarras Amaiur y Bildu. Lo normal hubiera sido el rechazo del texto bajo el cómodo argumento de que la doctrina establecida al respecto por el Tribunal Constitucional deja hoy por hoy poco margen de maniobra.

Pero en esta ocasión se ha ido mucho más lejos. Se ha ido a la redacción de un texto de tres puntos, donde el papel del Partido Popular y del propio Gobierno no ha sido secundario. Y esto es lo extraño: que partidos con discursos hasta ahora tan distintos y distantes llegaran a suscribir un pacto que ni desde Génova ni desde Ferraz nadie había públicamente reclamado. Y un pacto, por lo demás, innecesario.

El inesperado consenso ha dejado con el pie cambiado –ha parecido un gol por toda la escuadra– a quienes mantienen que al día de hoy existen los mismos argumentos que cuando desde la oposición el Partido Popular exigía la ilegalización del entramado etarra. Ahora, sin embargo, el PP no sólo no lo hace así, sino que sin debate público alguno se destapa con un texto que, a la vista de la trayectoria de los firmantes, puede deparar cualquier cosa.

El documento firmado en el Congreso por el Partido Popular sobre ETA parece la escenificación de un sorprendente giro político

 

Mariano Rajoy no ha sido nunca muy explícito con lo que podríamos llamar su hoja de ruta personal en el tema ETA. Pero, ¿qué pretende realmente ahora con el giro practicado?, se preguntan muchos. ¿Hacer un ejercicio de realismo a la vista de que la legalización del entramado etarra es, como digo, hoy por hoy poco menos que irreversible? ¿Tan amigo como es de los burladeros, habrá pactado con Pérez Rubalcaba la demora en la renovación del TC para que de aquí a junio el Constitucional, todavía con mayoría socialista, le resuelva contenciosos pendientes como la legalización de Sortu? ¿Habrá pretendido evitar una mayor polémica y no abrir de cara a la oposición un nuevo frente conflictivo a la vista de la situación económica, el acoso de los sindicatos y las algaradas de la calle?

Sea como fuere, creo que no estaría de más pedirle al presidente del Gobierno mayor claridad y concreción. Y si es el caso, mayor sinceridad.

INESPERADO E INNECESARIO