BOTADURA POLÍTICA

|

Una vez escuche a un popular chef de los que salen constantemente en televisión decir que el mundo cambiaría si las buenas personas fueran las que dirigieran el mundo. Una sonrisa condescendiente fue mi respuesta a aquella afirmación, que por su ingenuidad rayaba lo infantil; pero, aunque simplista, su solución sería válida si tuviéramos una “maquinita” maravillosa que pudiera separar con justo criterio los “buenos” de los “malos”.
Una de las ventajas que me ha dado estar tan estrechamente ligado con la Armada, es la posibilidad de conocer a gran parte de su oficialidad, que es en su inmensa mayoría competente y fiel servidora de su nación. Entre ellos hay personas especialmente notables, dotadas de una inteligencia fuera de lo común.
Todo lo que apunto viene al caso porque me ha llegado la noticia de que Santiago Abascal, que opta a la presidencia del partido “Vox”, ha incluido su candidatura como número dos al almirante en situación de retiro D. José María Treviño.
Aparte de ser políglota, el currículum del marino es impresionante. Ni siquiera le dejaron jubilarse, pues en 2011,año en el que pasó a situación de reserva, fue rápidamente “fichado” por “Técnicas Reunidas”.
Pero lo que yo destacaría de él, es que, aunque impone en su labor profesional un nivel de exigencia (tanto para él como para los demás) muy alto, es, sobre todo, buena persona.
En esta etapa de regeneración por la que está pasando España, consecuencia de una crisis brutal, es muy bueno que salten a la palestra política personas competentes que busquen lo mejor para su país.
Y no se confunda el que me lea; esto es tan necesario tanto a la izquierda como a la derecha.
Aunque a los que se autodenominan “demócratas” les pueda parecer una barbaridad, creo que la mejor forma de gobierno es el despotismo ilustrado; es decir, los sabios deberían dirigir al país procurando lo mejor para éste y el interés general. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Así de claro.
¿Qué es la política? No lo sé, creo que hasta ahora y en esencia, unos sospechosos lobbys que sólo miran por sus propios intereses.

 

BOTADURA POLÍTICA